
ESTRÉS ( parte I )
Nuestro estilo de vida está enfermándonos
Me
interesa abordar el estrés al menos y para las intenciones del blog, de manera
popular y a fin de exponer conceptos que nos lleve a la reflexión e intenten
ilustrarnos, a fin de que en alguna manera nos ayude a autoevaluarnos. Porque
siempre es bueno, yo diría fundamental, trabajar en nosotros mismos a fin de
crear una conciencia de prevención o
al menos el poder identificar “semáforos amarillos de alerta” en síntomas que
pueden estar indicándonos, en este caso, presencia de estrés y que hoy día, a
nivel laboral, suele definirse como “síndrome
de burnout”, término que también definiremos.
Buceemos un poco sobre las definiciones. La palabra
Estrés se deriva del griego “stringere”,
que significa provocar tensión. Esta palabra se utilizó por primera vez en el
siglo XIV y a partir de entonces se empleó en diferentes textos en inglés como “stress,stresse,strest y straisse”.
En forma simplista, el estrés a veces es definido como una condición meramente
muscular: "es una rigidez o endurecimiento de los músculos y del tejido
conjuntivo que excede del tono necesario para su funcionamiento normal".
Sin embargo es mucho más que eso.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) define el
estrés como el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo
para la acción.
Las personas nos referimos al hecho de estar “estresados” a la situación límite
en la que o no tenemos los recursos necesarios con los que afrontar los
estresores o éstos los consumen completamente, muy lejos de la definición de la
OMS.
Filogenéticamente, el estrés es un recurso que nos mantiene alerta ante los
cambios del ambiente que pueden suponer un peligro para el individuo o el
colectivo (grupo-sociedad), anticipando las necesidades y los recursos
necesarios para afrontarlos. En línea con la anterior definición, la
Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) postula que el estrés es "el
conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la
acción". Para Richard Lazarus (1966) sería "el resultado de la
relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquél como amenazante,
que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar".
El estrés puede considerarse como una reacción física
y emocional compleja. El Dr. Selye identifica 3 fases en el estrés: (1) se da
una reacción de alarma en respuesta a un factor de tensión que activa el
sistema nervioso autónomo, (2) la fase de resistencia ocurre mientras el cuerpo
se aclimata y ajusta al factor de estrés, y (3) la fase de fatiga, si la
tensión persiste por mucho tiempo, agregándose factores residuales que pueden
llevar a la enfermedad y hasta la muerte. Las investigaciones
han demostrado que el estrés excesivo es uno de los factores que contribuyen al
desarrollo de muchos males tanto físicos como emocionales.
Actualmente, el
ambiente y los motivos por los que se desarrolló el mecanismo del estrés en el
ser humano han cambiado, los estresores de la vida moderna son otros que no
tienen que ver con la supervivencia de la especie en el medio natural. Podemos
aquí decir que hemos generado una sociedad tan antinatural que estamos forzando
cada vez más nuestras capacidades adaptativas a fin de llevarnos, en este proceso
del sistema, a extremos que se manifiestan, como factores estresantes. Que por
supuesto tenemos que resolver junto a innumerables afecciones más. Podríamos
decir que vivimos en una sociedad que nos oxida y corrompe. Entonces ¿Cómo se ha adaptado el
ser humano a este cambio? La relación entre estrés y activación no se expresa
en una curva cartesiana en forma lineal, sino que es en forma de U, por eso, la
consecuencias más común de la vida moderna sobre el estrés es que éste se
produce de manera continua, algo para lo que nuestro mecanismo adaptativo no
está preparado, ya que no existe periodo de recuperación y termina desgastándonos,
es decir, se produce en los extremos de la curva en forma de U.
En síntesis la palabra “estrés”
se ha generalizado y cotidianamente define sólo sus aspectos negativos, y ha
adquirido así una connotación negativa. En realidad, el estrés es un mecanismo
100% adaptativo, un proceso positivo e imprescindible para la supervivencia del
ser humano pero evidentemente desplazado de esta connotación.
Para comentar un aspecto
positivo, les diré que hay, por supuesto, conciencia de cómo influir
positivamente acerca de elevar la conciencia en los valores positivos para que
en esta sociedad convulsionada, al menos, podamos encarar la temática desde
algunos ángulos, como son los de la educación. Les refiero aquí un informe de
la UNESCO, de la comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI.
Se plantea que para hacer frente a los nuevos desafíos de este siglo, y es
indudable que el tratamiento del estrés negativo sería uno de ellos, es preciso
asignar nuevos objetivos a la educación. Este afrontamiento está planteado por
la UNESCO en estos términos: La Educación debe organizarse en torno a cuatro
pilares: a) aprender a conocer; b) aprender a hacer; c) aprender a vivir juntos
y d) aprender a ser. Está claro que la enseñanza se plantea en los términos de
centrados principalmente en los contenidos conceptuales y en menor medida en
los procedimentales, es decir hacen hincapié en los pilares a y b antes
mencionados. Donde los dos últimos es decir el aprender a convivir y a ser
juntos y en armonía, fueron dejándose de lado por apuntar a una sociedad de
individuos técnicamente eficientes y competitivos, atentos a la producción, es
decir hay que hacer que el sistema este engranado y funcione y no que las
personas que lo componen se sirvan de él y lleven adelante el encuentro con su
ser más íntimo y profundo. “Dejando la
satisfacción y la realización personal y social para el tener y no para el ser”.
Juan Carlos Orozco Bertino
Còrdoba -- Argentina.
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