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Blog de JUAN CARLOS OROZCO

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12 de Noviembre, 2013 · General

EL DECÁLOGO DE LA DIETA SALUDABLE -trofología y orden natural-



EL DECÁLOGO DE LA DIETA SALUDABLE


 

Quería acercarles los principios básicos de la trofología, que como herramienta preventiva y terapéutica la Medicina Tradicional China tiene desde tiempos milenarios y cuyos principios se fueron elaborando desde los versos que el TAO trajo a su cultura. La dieta constituye un elemento muy importante dentro de la Medicina Tradicional China. Los chinos consideran que la mayoría de los alimentos son medicinales, y que si se sigue una dieta adecuada, se realiza un poco de ejercicio y se hacen ejercicios respiratorios, se pueden remediar las dolencias leves. Esta dieta clasifica los alimentos en diferentes categorías. La fundamental es la del yin y el yang, pero a ella se asocian las cuatro energías, los cinco elementos, los cinco sabores y el movimiento del chi. Dichas categorías se vinculan entre sí de una forma bastante compleja, y se tienen todas muy en cuenta a la hora de recomendar una dieta adecuada.

El yin y el yang

La teoría del yin y del yang surge a partir de la simple observación de la naturaleza y describe el hecho de que todos los fenómenos naturales tienen su propio fenómeno opuesto que lo complementa. Así pues, el yin se asocia con la oscuridad, el frío, la noche y lo femenino, mientras que el yang se vincula con la luz, el calor, el día y lo masculino. Todos los fenómenos poseen aspectos del yin y del yang. El yin y el yang se complementan de forma natural: dependen uno del otro y se compensan el uno al otro. También pueden influenciarse mutuamente: un exceso de yin puede transformarse en yang y viceversa.

Se cree que cualquier desequilibrio entre el yin y el yang dentro del cuerpo provoca enfermedades y problemas emocionales, siendo una dieta pobre uno de los factores que puede provocar este desequilibrio. Todos los alimentos contienen aspectos del yin y del yang, pero algunos pertenecen de modo predominante a una u otra categoría.


 

Una de las grandes ventajas de aprender el Tao consiste en que sus principios básicos son aplicables a todo, desde lo macrocósmico hasta lo microscópico. En el caso de la nutrición, el principio fundamental taoísta de mantener el equilibrio entre el Yin y el Yang se aplica armo­nizando las Cuatro Energías y los Cinco Sabores de los alimentos. Veamos entonces este asunto.

 

Las Cuatro Energías de los alimentos son:

1. calor,

2. tibieza,

3. frescor y

4. frío.

Estas categorías definen la naturaleza y la intensidad de la energía que se libera en el organismo humano al ser digerida la comida.

Los ali­mentos calientes y tibios corresponden a Yang; los frescos y los fríos co­rresponden a Yin. Los primeros son estimulantes y generan calor, mientras que los segundos son calmantes y refrescan los órganos.

 

Los Cinco Sabores constituyen una distinción más sutil, basada en las Cinco Actividades Elementales:

1 dulce (tierra), páncreas/estomago

2 amargo (fuego), corazón/intestino delgado

3 agrio (madera), hígado/vesícula biliar

4 picante (metal) pulmones/intestino grueso y

5 salado (agua) riñones/vejiga.

 

Cada uno de los Cinco Sabo­res posee una «afinidad natural» (gui jing) por uno de los cinco órganos «sólidos» Yin y su correspondiente órgano «huecos» Yang: el sabor dulce influye en páncreas/estómago; el amargo se mueve hacia el corazón/intestino delgado; el agrio tiene afinidad con hígado/vesícula biliar; el picante afecta a pulmones/intestino grueso, y el salado se asocia con riñones/ vejiga.

 

Los efectos terapéuticos de las Cuatro Energías y los Cinco Sabores son los siguientes:

 

Los alimentos que son básicamente yin se consideran fríos, húmedos, suaves y de color oscuro. Los alimentos Yin frescos y fríos calman los órganos vitales y están re­comendados para los menús estivales, así como para combatir las en­fermedades Yang «calientes» tales como la fiebre y la hipertensión. Son yin los alimentos acuáticos, como el pescado y las algas, los que crecen en la oscuridad o bajo tierra, como los champiñones y las raíces, así como la avena, la cebada, el pato, el conejo, el cerdo, los nabos, la berenjena, la remolacha, la calabaza, el pepino, el berro, las espinacas, el ruibarbo, el tomate, la lechuga, el trigo, el tofú, la soja germinada, los brotes de bambú, la col, el plátano, el limón, el pomelo, las peras, la sandía y la cidra.

Los alimentos básicamente yang son cálidos, secos, duros y por regla general presentan una tonalidad clara. Los alimentos Yang tibios y calientes estimulan los órganos vitales, ge­neran calor corporal y están recomendados para consumo invernal así como para mitigar las enfermedades Yin «frías» como la anemia, los escalofríos y la fatiga. Suelen crecer en el campo, sobre el suelo y en lugares luminosos. Son yang el buey, el cordero, el pollo, algunos mariscos como los mejillones, el ajo, los espárragos, el apio, el hinojo, el perejil, el puerro, la albahaca, la canela, el clavo, el cilantro, el comino, la soja, el pimiento, las gambas, los albaricoques, las cerezas, las castañas, la piel de naranja, los melocotones, los mangos, los chiles y el alcohol.

 

Los alimentos «tierra» de sabor dulce dispersan la energía estancada, favorecen la circulación, alimentan la energía vital y armonizan el es­tómago. El maíz, los guisantes, los dátiles, el ginseng y la regaliz son ejemplos de esta clase de alimentos.

Los alimentos «fuego» de sabor amargo, como el ruibarbo y el limón amargo, tienden a secar el organismo, contrarrestan el exceso de hu­medad y depuran los intestinos.

Los alimentos «madera» de sabor agrio, como las aceitunas y las gra­nadas, son astringentes, tienden a solidificar el contenido del canal di­gestivo, combaten la diarrea y constituyen un buen remedio para el prolapso de colon.

Los alimentos «agua» de sabor salado, como las algas, ablandan y hu­medecen los tejidos y facilitan los movimientos intestinales.

Los alimentos «metal» de sabor picante, como el jengibre, el ajo y los chiles, neutralizan y dispersan las toxinas acumuladas en el cuerpo.

 

Los taoístas equilibran sus dietas con ciertas indicaciones buscando:

-combinaciones de ener­gías y sabores que resulten favorables.

-evitando escrupulosamente las combinaciones inarmónicas.

-evitan el consumo exce­sivo de cualquier tipo de energía alimenticia con exclusión de las demás. Por ejemplo, el consumo frecuente y excesivo de comidas Yang grasas y «calientes» puede dar lugar a fiebre, ardores, congestión, opre­sión en el pecho y otros desagradables efectos del «exceso de energía calurosa». Y, como este exceso de «calor maligno» trata de escapar del cuerpo, pueden aparecer también forúnculos y abscesos. Demasiada comida picante puede provocar perturbaciones gastrointestinales, per­judicar el estómago y producir hemorroides.

 

En combinaciones inadecuadas los alimentos más frescos y puros pueden resultar inútiles desde el punto de vista de la nutrición y perjudican la di­gestión, causan putrefacción y fermentación, dificultan la asimilación y provocan conflictos en la energía interna.

 

Para evitar la putrefacción, facilitar la digestión y favorecer una rá­pida eliminación de los desechos, por ejemplo todas las comidas cuyo principal com­ponente sean las carnes cocidas deberían complementarse con una dosis de enzimas proteolíticas activas, que hoy en día se encuentran fácilmente en los establecimientos de comida naturista y de régimen.

Para favorecer los principios digestivos naturales, en vez de entor­pecerlos, basta con observar las siguientes indicaciones dietéticas básicas:

 

Coma con moderación y disfrutará de una vida larga y saludable. La medida taoísta básica consiste en comer hasta sentirse lleno en un 70% u 80%. La Madre Naturaleza castiga invariablemente a los glotones con toda suerte de desgracias. El cuerpo humano es sencillamente incapaz de aprovechar las enormes cantidades y complejas combinaciones de comida con que el hombre civilizado y sedentario tiende a atiborrarse cada día.

Mastique bien la comida antes de ingerirla. Esto se aplica sobre todo a los hidratos de carbono, que necesitan ser previamente digeridos por la ptialina, una enzima alcalina que se encuentra en la saliva. El consejo de Gandhi a este respecto tiene ecos de sabiduría taoísta: «Bebe tu comida y mastica tus bebidas», lo cual quiere decir que los alimentos sólidos deben masticarse hasta que adquieran una consistencia líquida antes de ser tragados, mientras que los líquidos deben ser ingeridos tan lentamente como los alimentos sólidos.

Evite los alimentos y bebidas cuya temperatura sea extremadamente fría o caliente. Una sopa excesivamente caliente, por ejemplo, irrita la delicada mucosa del paladar y del esófago, lo cual perjudica la salivación y la peristalsis.

Uno de los peores crímenes digestivos es el de beber durante las comidas agua con hielo u otros líquidos helados. Tales bebidas frías, al llegar a un estómago lleno de comida, provocan el cierre por contracción de los minúsculos conductos que secretan los jugos gástricos, con lo que interrumpen la digestión y desencade­nan la putrefacción y la fermentación del bolo alimenticio. Cuando la temperatura del estómago se normaliza de nuevo, ya es demasiado tarde para iniciar una digestión correcta.

De hecho, cualquier bebida que se ingiera en grandes cantidades junto con la comida diluye los jugos gástricos y dificulta la digestión. El vino y la cerveza, empero, constituyen excepciones a esta regla, porque son bebidas fermentadas (es decir, predigeridas) que, al ser tomadas en cantidad moderada, contribuyen a facilitar la digestión. Incluso la Biblia aconseja «tomar un poco de vino por el bien del estómago».

 

 

A causa de la degeneración dietética provocada por la civilización la dieta humana actual -sobre todo en el mundo occidental- se compone principalmente de alimentos refinados, desnaturalizados y excesi­vamente cocidos, indiscriminadamente combinados entre sí. Algunas de las consecuencias que ha de padecer la gente por haber eliminado los alimentos fibrosos de su dieta y dedicarse en cambio a las proteínas animales concentradas y a las féculas refinadas las describe a continua­ción el Dr. Robert Jackson:

“La eliminación en la dieta de esta sustancia de desecho (la fibra) elimina tam­bién de nuestros alimentos el estímulo natural para la actividad muscular de la pared intestinal... Esto conlleva una disminución en la velocidad del flujo intestinal. La menor velocidad del flujo intesti­nal conlleva a su vez la descomposición de las proteínas y una fer­mentación muy superior a la que correspondería normalmente para los hidratos de carbono; la primera tiene como consecuencia la pro­ducción de toxinas muy activas, y la segunda, de sustancias irritantes para la pared intestinal... Así se crea un círculo vicioso, que con­duce a un estado de intoxicación crónica del cuerpo desde el aparato digestivo, pues la menor velocidad con que circulan los ali­mentos en el organismo no sólo provoca fermentación y descom­posición, sino que también deja más tiempo para que la sangre ab­sorba las toxinas así producidas”.


 

V. E. Irons, especialista del colon y muy experimentado en ayunos, describe el moderno desastre dietético en los siguien­tes términos:

“En muchos casos, los alimentos permanecen en el interior del cuerpo durante meses e incluso años. Estos alimentos se pudren y descomponen, y se incrustan en los pliegues y rendijas del colon... En la mayoría de la gente, el colon, en lugar de ser un sistema de al­cantarillado rápido y eficaz, se ha convertido en un pozo negro es­tancado”.

 

TROFOLOGÍA: LA CIENCIA DE COMBINAR LOS ALIMENTOS

 

En nuestro idioma, el Yin/Yang de la dieta se conoce como «trofo­logía», una palabra que probablemente ni usted ni su médico han oído hasta ahora. El equivalente científico occidental del equilibrio Yin/yang en las combinaciones de alimentos es algo que todos aprendimos en la escuela en las clases de química elemental: el equilibrio ácido/básico, o «pH».

Está científicamente comprobado por la medicina occidental que para iniciar la buena digestión de cualquier proteína animal concen­trada, el estómago debe secretar pepsina. Pero también está demostrado que la pepsina sólo puede actuar en un medio sumamente ácido, que debe mantenerse durante varias horas hasta la completa digestión de las proteínas. Otro hecho igualmente comprobado por la ciencia es que, cuando masticamos un pedazo de pan, de patata o de cualquier otro hidrato de carbono/fécula, las glándulas salivales segregan de in­mediato ptialina y otros jugos alcalinos. Después de tragada, la fécula alcalinizada necesita hallar en el estómago un medio alcalino para aca­bar de ser digerida por completo.

Todo el mundo puede comprender lo que ocurre, pues, cuando se ingieren simultáneamente féculas y proteínas. El estómago, en res­puesta a la presencia de las proteínas y las féculas, segrega al mismo tiempo jugos ácidos y alcalinos que se neutralizan entre sí y dejan una solución acuosa incapaz de digerir correctamente ni una cosa ni otra. Lo que sucede a continuación es que las proteínas se pudren y las fécu­las fermentan, debido a la constante presencia de bacterias en el canal digestivo.

La putrefacción y la fermentación son las causas principales, junto a otros aspectos psico-emocionales, de todo tipo de problemas digestivos, como gases, ardor, hinchazón, estreñi­miento, heces fétidas, hemorroides sangrantes, colitis y demás. Muchas de las llamadas «alergias» son también consecuencia directa de la mala combinación de los alimentos: la corriente sanguínea absorbe toxinas de la masa fermentada y putrefacta que llena los intestinos, y estas toxi­nas a su vez provocan erupciones, urticaria, dolores de cabeza, náuseas y otros de los síntomas que habitualmente se catalogan como «alergias». Los mismos alimentos capaces de desencadenar una reacción alérgica cuando están incorrectamente combinados muchas veces no producen ningún efecto nocivo cuando se consumen de acuerdo con las leyes de la trofología.

La cuestión se reduce a lo siguiente: cuando inmoviliza su estómago y perturba sus funciones digestivas con el consumo de ali­mentos indiscriminadamente combinados, las bacterias del canal digestivo se dan una fiesta. Aprovechan todos los nutrientes y se multiplican, mientras usted se queda con los desechos y padece.

 

Pasemos ahora a exa­minar con detalle el aspecto práctico de la trofología mediante algunos ejemplos concretos de combinación de alimentos. Las combinaciones enumeradas a continuación incluyen la mayor parte de los «crímenes culinarios» contra la ley de la naturaleza que se cometen a diario en todo el mundo. Esta lista se basa fundamentalmente en los trabajos del Dr. Herbert M. Shelton, uno de los más distinguidos terapeutas nutri­cionales de los Estados Unidos y autor de la «Biblia» de las combinacio­nes culinarias correctas, Food Combining Made Easy.


 

Errores trofológicos de combinaciones alimentarias:

 

Proteína y fécula: Es la peor combinación de alimentos que se puede dar en una misma comida, y aun así constituye el plato fuerte de las modernas dietas occidentales: carne con puré, hamburguesa con pa­tatas fritas, huevos con pan, etc. Cuando se consume una proteína y una fécula al mismo tiempo, la enzima alcalina ptialina se mezcla con la comida al mascarla en la boca. Cuando la comida masticada llega al estómago, prosigue la digestión de la fécula con otras enzimas alcalinas, lo cual impide que la proteína sea digerida por la pepsi­na y otros jugos ácidos. Esto permite que las bacterias siempre presentes en el estómago ataquen la proteína, con lo que se desenca­dena la putrefacción. Los nutrientes de la comida proteínica se vuel­ven casi inaprovechables para usted y producen desechos tóxicos y gases fétidos, en los que se encuentran venenos como el indol, el escatol, el fenol, el sulfuro de hidrógeno, el ácido fenilpropiónico y otros.

En tal caso, cabe preguntarse, ¿cómo es que el estómago no tiene ningún problema para digerir aquellos alimentos que por naturaleza contienen proteína y almidón, como los cereales integrales? Como señala el Dr. Shelton, «existe una gran diferencia entre la digestión de un alimento, por compleja que sea su composición, y la digestión de una mezcla de alimentos distintos. Ante un alimento simple que con­tenga una combinación de proteína y fécula, el cuerpo puede regular fácilmente sus secreciones, tanto en potencia como en sincronización, a las exigencias digestivas del alimento. Pero cuando se consumen dos alimentos con exigencias digestivas distintas, incluso contradictorias, esta precisa regulación de las secreciones resulta imposible».

Norma: Consuma las proteínas concentradas, como carne, pes­cado, huevos o queso, separadamente de las féculas concentradas como el pan, las patatas y el arroz. Por ejemplo, coma tostada o huevos para desayunar, la hamburguesa o el panecillo para almorzar, carne o pata­tas para cenar.

 

Proteína y proteína: Las proteínas distintas presentan distintas exi­gencias digestivas. Por ejemplo, la mayor acción enzimática sobre la leche se produce durante la última hora de la digestión, mientras que en la carne se produce durante la primera hora y en los huevos hacia la mitad de la digestión. Resulta instructivo recordar la antigua ley dietética que Moisés impuso a su pueblo, prohibiendo el con­sumo simultáneo de leche y carne.

Dos carnes parecidas, como el buey y el cordero, o dos clases de pescado como el salmón y las gambas, no son de naturaleza lo bas­tante dispar como para provocar un conflicto digestivo en el estó­mago y pueden, por tanto, ser consumidas al mismo tiempo.

Norma: Consuma únicamente una clase principal de proteína en cada comida. Evite combinaciones como carne y huevos, carne y leche, pescado y queso. Asegúrese de que asimila todos los aminoáci­dos imprescindibles variando el tipo de proteína concentrada que consume en cada comida.     

 

Fécula y ácido: Cualquier alimento ácido consumido al mismo tiempo que una fécula o almidón interrumpe la secreción de ptialina, dato bioquímico en el que todos los médicos están de acuerdo. Por lo tanto, si come usted naranjas, limones u otras frutas ácidas -o ácidos como el vinagre- junto con una fécula, no habrá ptialina en la boca para iniciar la primera fase de la digestión de la fécula. En consecuen­cia, la fécula llega al estómago sin los jugos alcalinos imprescindibles para una correcta digestión, y se produce la fermentación bacteriana para inhibir por completo la digestión salival de las féculas en la boca basta con una sola cucharadita de vinagre, o su equivalente en otros ácidos.

Norma: Consuma ácidos y féculas en comidas separadas. Por ejemplo, si come tostada o cereales para desayunar, prescinda del zumo de naranja (igual que de los huevos). Si va a tomar una comida compuesta básicamente de féculas (arroz o cualquier clase de pasta), prescinda del vinagre y de todas las proteínas concentradas.

 

Proteína y ácido: Puesto que la correcta digestión de las proteínas exige un medio ácido, sería lógico suponer que los alimentos ácidos facilitan la digestión de las proteínas; sin embargo, no es éste el caso. Cuando los alimentos ácidos llegan al estómago, inhiben la secreción de ácido clorhídrico, y la pepsina (enzima que digiere las proteínas) solamente puede actuar en presencia de ácido clorhídrico, no de cual­quier ácido. Por lo tanto, el zumo de naranja inhibe la correcta diges­tión de los huevos, y un vinagre fuerte en la ensalada inhibe la diges­tión del bistec.

Norma: Evite combinar ácidos y proteínas concentradas en la misma comida.

 

Proteína y grasa: En la Physiology in Modern Medicine, de McLeod, en­contramos una afirmación compartida por todos los médicos: «Se ha demostrado que la grasa ejerce una clara influencia inhibidora sobre la secreción de jugos gástricos». Durante las dos o tres horas siguien­tes a la ingestión de grasa, la concentración de pepsina y ácido clorhí­drico en el estómago se ve considerablemente reducida. Esto retrasa la digestión de cualquier proteína que se haya ingerido junto con la grasa, permitiendo que las bacterias inicien la putrefacción de la pro­teína. Por eso las carnes grasosas como el tocino, los bistecs con grasa o las carnes magras fritas en grasa resultan tan pesadas en el estó­mago durante varias horas después de haberlas comido.

Norma: Consuma las grasas y las proteínas concentradas en distin­tas comidas. Cuando no pueda evitar mezclarlas, acompáñelas de abundantes verduras crudas para facilitar su digestión y su paso por los intestinos.

 

Proteína y azúcar: Todos los azúcares sin excepción inhiben la secre­ción estomacal de jugos gástricos. Esto se debe a que los azúcares no se digieren en la boca ni en el estómago, sino que pasan directamente al intestino delgado para su digestión y asimilación. Cuando se consu­men en combinación con alguna proteína, como un pastel después de Un bistec, no sólo inhiben la digestión de las proteínas al inhibir la se­creción de jugos gástricos, sino que los propios azúcares quedan atra­pados en el estómago en lugar de pasar rápidamente al intestino del­ gado, y esta demora permite que las bacterias fermenten el azúcar liberando toxinas y gases nocivos que aún perjudican más la digestión.

Norma: Evite el consumo de azúcares y proteínas en la misma comida.

 

Fécula y azúcar: Se ha demostrado que, cuando el azúcar llega a la boca acompañada de una fécula, la saliva segregada durante la masticación no contiene ptialina, lo cual sabotea la digestión de la fécula antes de que alcance el estómago. Además, esta combinación impide que el azúcar pase más allá del estómago hasta que termina la digestión de la fécula, provocando así fermentación. Los subproductos de la fermentación del azúcar son ácidos, cosa que aún inhibe más la di- gestión de las féculas, que necesitan un medio alcalino. El pan (fécula) con mantequilla (grasa) es una combinación perfectamente compatible, pero cuando se le añade una cucharada de miel o mermelada se están introduciendo azúcares en la mezcla, y eso perjudica la digestión de la fécula contenida en el pan. El mismo principio se aplica a los cereales del desayuno endulzados con azúcar, a los pasteles muy azucarados, las tartas dulces y demás.

Norma: Consuma féculas y azúcares por separado.

 

Melones: El melón es un alimento tan apropiado para el consumo humano que no requiere ninguna digestión en el estómago, sino que pasa rápidamente por el estómago hacia el intestino delgado, donde es digerido y asimilado. Pero esto únicamente puede suceder cuando el estómago está vacío y el melón se consume solo o acompañado ex­clusivamente por otras frutas crudas. Cuando se consume junto cono después de otros alimentos que exigen una compleja digestión esto­macal, el melón no puede pasar al intestino delgado hasta después de terminada la digestión de los otros alimentos. Eso hace que quede re­tenido, fermente rápidamente y produzca toda clase de molestias gás­tricas.

Norma: Coma el melón solo o no lo coma.

 

Leche: Llegamos ahora a una de las cuestiones más polémicas y peor comprendidas de toda la dieta occidental Los orientales y los africa­nos evitan tradicionalmente el consumo de leche, excepto como pur­gante. Pero en el mundo occidental, la gente se acostumbra a tomar leche a diario durante toda su vida.

Si observamos la naturaleza, veremos que los animales se alimentan exclusivamente de leche hasta ser destetados con otros alimentos. La desaparición natural de la lactasa (la enzima que permite digerir la leche) del organismo humano a la llegada de la madurez demuestra claramente que los humanos adultos no tienen más necesidad de leche que los tigres o los chimpancés adultos. Aunque la leche es un alimento proteínico completo cuando se consume al natural, también contiene grasa, lo cual quiere decir que combina mal con cualquier otro alimento salvo ella misma. Sin embargo, muchos adultos tienen la costumbre de acompañar sus comidas con leche fría. La leche se cuaja nada más llegar al estómago, de modo que, si hay otro alimento presente, los grumos se coagulan en torno a las partículas de comida y las aíslan de la acción de los jugos gástricos, retrasando su digestión el tiempo suficiente para que comience la putrefacción.

Norma: Por consi­guiente, la primera y más importante norma a tener en cuenta sobre el consumo de leche es: «Bébala sola o no la beba». Elimine completamente de su dieta la leche homogenei­zada y pasteurizada. Si puede encontrar leche al natural, consúmala como una comida completa por sí misma, nunca combinada con otros alimentos.

 

Postres: Hay que evitar toda clase de postres dulces tras una gran co­mida, pues esta clase de alimentos combina mal con todo- Incluso las frutas frescas deben evitarse tras una gran comida, pues se acumulan en el estómago y fermentan en vez de digerirse. Si le tientan las golo­sinas y le apetece comer tartas, dulces y pasteles, puede darse el gusto de vez en cuando y hacer una comida completa a base de ellos. No es que así vayan a hacerle mucho bien, pero al menos si los consume solos no le provocarán tantas molestias gástricas ni producirán tantos subproductos tóxicos como si los consume después de una comida.

Norma: Evite los postres dulces feculentos, así como las frutas después de una gran comida a base de proteínas o hidratos de carbono.

 

La correcta combinación de los alimentos tiene una importancia decisiva para la buena digestión y metabolización. Sin una digestión com­pleta, el cuerpo no puede extraer ni asimilar bien los nutrientes ni si­ quiera de los más saludables alimentos. Además, la digestión incompleta y la insuficiente metabolización son las causas principales de la acumulación de grasas y colesterol en el cuerpo. Una dieta baja en calorías pero compuesta por alimentos sometidos a una excesiva cocción, elaborados y mal combinados, seguirá engordándole y dejando depósi­tos pegajosos en sus arterias, del mismo modo que una incorrecta mez­cla de combustibles deja depósitos de carbonilla en las bujías de un motor, atasca los pistones y produce gases de escape malolientes. Por otra parte, si los alimentos se combinan correctamente, no importa cuántas calorías ni cuánto colesterol contengan, porque no le harán en­gordar ni obstruirán sus venas ni sus órganos, especialmente si al menos la mitad de su dieta cotidiana está compuesta por alimentos cru­dos.

Cuando se siguen las normas de la trofología, no hace falta llevar un fanático control de la dieta, no hace falta contar calorías ni hace falta preocuparse por el colesterol. Advierta también que no existe cosa tal como un alimento que tenga un 100 por cien de proteínas o un 100 por cien de hidratos de carbono. Lo que cuenta es si las proteínas o los hidratos de carbono constituyen el principal elemento nutritivo de un alimento determinado. En términos generales, si un alimento contiene un 15 por ciento de proteínas, o más, se lo considera «alimento proteí­nico», mientras que un 20 por ciento o más de hidratos de carbono lo hace corresponder a dicha categoría.

Al combinar distintas clases de alimentos, no tiene mucha importancia que una comida a base de hi­dratos de carbono incluya una pequeña cantidad de proteínas, o vice­versa, sobre todo si se acompaña con abundantes verduras crudas que proporcionan enzimas activas y masa fibrosa.

Lo ideal sería consumir una sola clase de alimento en cada comida. Basta echar una mirada a la naturaleza para darse cuenta. Los animales carnívoros jamás consumen sustancias feculentas con la carne, aunque favorecen su digestión y de vez en cuando se purgan ingiriendo hierbas silvestres dotadas de propiedades medicinales. Los observadores de aves hace siglos que vienen comprobando que los pájaros comen insec­tos y gusanos a cierta hora del día, y bayas y semillas en otro momento, pero nunca a la vez. ¿Por qué ha de suponer el hombre moderno que su aparato digestivo es tan distinto al de todas las demás especies?

Aunque la dieta tradicional china se basa fundamentalmente en el arroz, un atento examen de los hábitos alimenticios chinos demuestra que, hasta mediados del siglo XX, el arroz se consumía según las leyes de la trofología. Así, por ejemplo, cuando las familias chinas comen en casa, en sus platos abundan las verduras frescas y los derivados de la soja, y escasea la carne. Cuando los chinos salen a darse un banquete en el restaurante, no suele servirse arroz, con el deliberado propósito de que no perjudique la digestión de todas las carnes, pescados y aves que siempre aparecen en los menús de fiesta. Hoy en día, empero, las modernas costumbres han alterado estos saludables hábitos alimenta­rios entre los chinos urbanos y están haciéndolo en todo el planeta, para gran perjuicio de su salud y longe­vidad.

 

 

ALIMENTACION ADECUADA PARA LA SALUD Y LA LONGEVIDAD

 

Quienes se alimentan según las normas de la naturaleza rara vez presentan síntomas de trastornos gástricos, pero en Occidente suele darse por sentado que una comida abundante ha de provocar algún tipo de molestias gástricas, de modo que muchos occidentales tienen la costumbre de acudir al restaurante o a una cena bien provistos de an­tiácidos y otros medicamentos para el estómago.

A fin de orientar al lector por el camino de los hábitos alimenta­rios naturales y saludables que favorecen la longevidad sin sacrificar el placer de la comida, las páginas siguientes ofrecen una serie de indica­ciones prácticas sobre la forma correcta de combinar y consumir los principales tipos de alimento que constituyen la dieta humana: las proteínas, los hidratos de carbono, las grasas, la fruta fresca y las verduras crudas.

 

Cómo consumir las proteínas

Jehová habló a Moisés y le dijo: «He oído murmurar a los hijos de Israel. Dirígete a ellos y diles: Al anochecer comeréis carne, y por la mañana os llenaréis de pan». En otras palabras, Jehová inició a Moisés en las leyes de la trofología, al ordenarle que enseñara a su pueblo a consumir las proteínas y los hidratos de carbono en comidas separadas. También les prohibió que consumieran carne y leche al mismo tiempo. Se trata de la más antigua y más acertada recomendación dietética de que hay constancia en la historia de la civilización occidental, pero, a di­ferencia de los orientales, que siguen respetando la sabiduría de sus antepasados, los occidentales rechazan las enseñanzas del pasado por «an­ticuadas» y «anticientíficas». Por otra parte, como ya lo dijo un gran científico nutricional norteamericano, el Dr. Tilden, «la Naturaleza jamás ha producido un bocadillo».

Las proteínas son un alimento poderoso y exigen condiciones espe­ciales para ser digeridas y liberar sus nutrientes. Si se desea combinar proteínas animales con otro alimento, la mejor elección son los vegeta­

les no feculentos, como las verduras, las coles, los brotes, etc., y con­viene consumirlos crudos en forma de una abundante ensalada. Las proteínas concentradas de origen animal no deben entrar en más de una comida al día, aunque otras proteínas ligeras de origen vegetal, como el requesón de soja (tofu) pueden tomarse más a menudo. En rea­lidad, las proteínas ligeras de origen vegetal pueden sustituir completa­mente a la carne en la dieta humana: entre 3/4 y 1 kilo de semillas y frutos secos crudos por semana, por ejemplo, cubren todas las necesi­dades de grasas y proteínas y eliminan el hambre metabólica de carne, huevos y demás proteínas de origen animal.

 

Cómo consumir los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono son feculentos y no deberían combinarse con ninguna proteína concentrada. Lo que mejor combina con las fé­culas son las frutas no ácidas y las verduras frescas crudas o ligeramente

cocidas. Si le gustan las patatas, la pasta o la repostería, haga una co­mida completa con ellas, pero no les añada huevos, carne ni queso. La mayoría de la gente prefiere consumir su comida de hidratos de carbono como desayuno, ya sea en forma de tostada o de cereales. In­cluso un estómago en perfectas condiciones necesita unas 12 horas para restaurar el equilibrio digestivo tras ingerir una combinación de alimentos incompatibles, por lo que una mala combinación en el desayuno le estropeará la digestión para el resto del día, tome lo que tome en el almuerzo o en la cena. Uno de los peores desayunos consiste en cereales secos endulzados con azúcar refinado y empapados en leche Pasteurizada. Las tostadas con mermelada son casi igual de malas. Los que muchos adultos suelen prescindir por completo del desayuno o se limitan a tomar un café y una tostada sin acompañamiento, lo cual constituye una combinación perfectamente aceptable.

Al igual que con las proteínas, no debería tomarse más de una co­mida diaria a base de hidratos de carbono, y habría que evitar combinar dos féculas muy distintas en la misma comida. Ya que las proteínas y las féculas son los principales antagonistas en la trofología, lo mejor es se­parar las comidas en que se consumen por un mínimo de 10 o 12 horas, como el desayuno de pan y la cena de carne que Jehová reco­mendó a Moisés.

En el caso de las comidas feculentas, es aún más importante que con las proteínas no acompañarlas con agua, zumo de fruta, leche ni nin­gún otro líquido. La digestión de la fécula debe comenzar en la boca para que continúe en el estómago. Un sorbo de líquido ingerido junto con un bocado de fécula diluye tan considerablemente las secreciones salivales que la fécula llega al estómago sin haberse impregnado de la enzima alcalina tialina, con lo que se inhibe la digestión y se produce en cambio fermentación. Todos los hidratos de carbono deben ser cuida­dosamente masticados y bien ensalivados antes de tragarlos.

 

Cómo consumir las grasas

Las grasas pueden tomarse en combinación con hidratos de car­bono, frutas o verduras, pero hay que evitar las proteínas concentra­das. Las proteínas ligeras, no obstante, son relativamente compatibles con la grasa.

Dentro de la categoría de las grasas, evite todas las margarinas y demás sustitutos de la mantequilla, así como los aceites «hidrogenados». Los aceites vegetales hidrogenados están tratados de tal manera que, para descomponerlos, el estómago debería generar temperaturas de hasta 250 °C, lo cual quiere decir que son indigeribles. Las mejores gra­sas son la mantequilla y los aceites vegetales y de semillas prensados en frío y consumidos en su estado líquido.

 

Cómo consumir las ensaladas de vegetales crudos

Tanto el Dr. Herbert Shelton como V. E. Irons recomiendan con insistencia el consumo diario de una gran ensalada de vegetales frescos no feculentos, de preferencia justo antes de la comida principal a base de proteínas o hidratos de carbono. Además de proporcionar enzimas activas y masa fibrosa, las ensaladas de vegetales crudos son una excelente fuente de vitaminas, minerales, aminoácidos y otros nutrientes esenciales en su forman más asimilable.

Es muy importante consumir las ensaladas inmediatamente después de trocear sus ingredientes. Los vegetales crudos cortados y desmenuzados que se dejan reposar varias horas antes de su consumo pierden rápidamente muchos de sus valiosas enzimas v demás nutrientes a causa de la oxidación.

Preste atención al tipo de aliño que usa en sus ensaladas, sobre todo cuando vaya a combinarlas con un plato a base de proteínas. Un exceso de aceite o vinagre, por ejemplo, perjudica la digestión estomacal de las proteínas.

Las ensaladas crudas son especialmente beneficiosas para los niños en edad de crecer, pues proporcionan un abundante suministro de ele­mentos nutritivos vitales para los huesos y tejidos en crecimiento y limpian los jóvenes intestinos de los desechos tóxicos creados por el con­sumo de dulces y otros «alimentos basura». Aunque pueda parecerle extraño, los vegetales crudos constituyen una fuente de calcio orgánico para los huesos en crecimiento mucho mejor que la leche de vaca pasteurizada y desnaturalizada que tantos médicos y padres hacen beber a los niños para este fin. La leche contiene una gran abundancia de cal­cio, sin duda, pero la pasteurización lo vuelve prácticamente inaccesi­ble para el cuerpo. Si sus hijos presentan problemas de acné, granos y otras erupciones cutáneas, y están crónicamente estreñidos, pruebe a eliminar completamente la leche pasteurizada durante algunos meses y sustitúyala por zumos frescos de vegetales crudos, sobre todo jugo de zanahoria, y juzgue usted mismo los resultados. La leche al naturales igualmente buena para eliminar los problemas de la piel, pero hoy en día resulta casi imposible de encontrar. Además, al proporcionarles una verdadera nutrición que realmente llega al torrente sanguíneo y alimenta los tejidos, los vegetales crudos y sus zumos contrarrestan eficazmente la tan difundida afición a las golosinas que afecta a los niños cuyas comidas a base de alimentos elaborados y desnaturalizados fermentan y se descomponen en lugar de ser ingeridas y metaboliza­das. La afición crónica y desmedida hacia los dulces es síntoma claro de una deficiencia nutricional.


 

 

Cómo consumir las frutas

El aparato digestivo humano evolucionó a partir de una dieta de frutas y sus parientes cercanos, las nueces y las semillas. Es un hecho biológico que la fruta fresca y los frutos secos contienen todos los minerales, vitaminas, azúcares naturales y aminoácidos necesarios para la alimentación humana. Algunos «expertos» siguen asegurando lo con­trario, aduciendo que, dado que las frutas contienen pocas proteínas per se, resultan por tanto insuficientes para mantener la salud humana. Si bien es verdad que las frutas contienen muy pocas moléculas de pro­teínas complejas completas, como las que se hallan en la carne y los hue­vos, no es menos cierto que el cuerpo no puede utilizar las proteínas completas de la carne y los huevos. Antes debe dedicar un tiempo con­siderable a digerir y fragmentar estas proteínas, a fin de estructurar luego sus aminoácidos y para elaborar las proteínas específicas que ne­cesita el organismo humano. Las frutas frescas y los frutos secos pro­porcionan estos elementos básicos en forma de aminoácidos libres, así como todas las enzimas sinérgicas y vitaminas con que se asocian, con lo cual ahorran al cuerpo todo el tiempo, energía y esfuerzo digestivo que requieren las proteínas animales complejas.

Debido a una ignorancia de la trofología y de los rudimentos de la nutrición, se ha acusado injustamente a las frutas frescas de toda clase de crímenes alimentarios. El «experto» en nutrición Dr. William Henry Potter, en su libro Eating lo Live Long, condenó las frutas como «uno de los más perniciosos y reprensibles despropósitos dietéticos», y el Dr. Percy Howe, de la Universidad de Harvard, observó que la ma­yoría de la gente tiene problemas para digerir las naranjas junto con las comidas, aunque también advirtió que tales problemas desaparecían por completo cuando las naranjas se comían separadamente.

Es cierto que muchas frutas -especialmente los melones y las frutas ácidas- causan trastornos digestivos, fermentan en el estómago y pro­porcionan muy poco alimento cuando son consumidas indiscriminada­mente con otros alimentos incompatibles. Pero cuando se comen solas y en suficiente cantidad, las frutas frescas proporcionan todas las enzi­mas, vitaminas, aminoácidos y energía que el cuerpo necesita para una salud y vitalidad óptimas. También son sumamente depuradoras y desintoxicantes, siendo éste el motivo de que mucha gente experimente diarreas y otras molestias durante las primeras semanas de una dieta ex­clusivamente de frutas.

El culturista sueco Andreas Cahling, ganador de los codiciados títu­los de «Mister Europa» y «Míster Universo», es exclusivamente frugí­voro. No come carne ni productos lácteos, ¡y ni siquiera cereales o ver­duras! Y aun así, su cuerpo es tan robusto y su salud tan resistente como los de sus carnívoros competidores, que se sienten en la necesi­dad de consumir cada día varias libras de carne, docenas de huevos y li­tros de leche para acumular proteínas.

El mayor error que suele cometerse al emprender una dieta exclusi­vamente de fruta es el de no comer la suficiente cantidad. El segundo error consiste en desechar las partes más nutritivas de la fruta. La fruta se compone principalmente de agua. Los frugívoros como Andreas Cahling, por tanto, «liquidan» media docena de plátanos o una docena de manzanas o hasta un par de kilos de uva de una sentada. Y se comen siempre las fibras blancas entre los gajos de naranja, los corazones de peras y manzanas y la piel de las uvas, porque son las partes que contienen las enzimas más potentes y la mayor proporción de aminoácidos. Las semillas, corazones y fibras de la fruta deben masticarse bien, hasta darles una consistencia líquida.    

La fruta proporciona sus mejores beneficios nutritivos cuando consume con el estómago vacío, pues buena parte de ella pasa directa- mente al intestino delgado. Pero, a menos que se alimente únicamente

de frutas y zumos de fruta, debería usted limitar su consumo diario te una o dos comidas exclusivamente a base de frutas. El hecho de come- fruta o beber zumo de fruta entre comidas a base de proteínas y féculas puede inhibir considerablemente su digestión, porque el estómago aún estará ocupado digiriendo las proteínas o los hidratos de carbono cuando reciba la fruta. Asimismo, las frutas dulces y las ácidas deben comerse en momentos separados, y no se ha de endulzar ninguna fruta con azúcar o miel, porque los otros azúcares no combinan bien con la fruta.

Si toma usted hidratos de carbono para desayunar y proteínas para cenar, puede prepararse un almuerzo muy saludable a base únicamente de fruta fresca (y cruda, por supuesto). Esta costumbre es particular­mente beneficiosa para los comedores de carne, ya que la comida a base de frutas proporciona enzimas activas, masa fibrosa fresca y ácidos naturales que contribuyen a eliminar los subproductos de la putrefac­ción del tracto intestinal y la corriente sanguínea. Como extensión de esta comida diaria a base de fruta, puede usted declarar un «día sema­nal de la fruta» en el que se alimentará exclusivamente de fruta fresca de la mañana a la noche.

Todo esto es mucho más fácil de poner en práctica de lo que pa­rece. El mayor obstáculo no es fisiológico, sino psicológico. Como Wal­ter Bahegot observó en cierta ocasión, «el dolor de una nueva idea es uno de los más intensos de la naturaleza humana... Sus ideas favoritas pueden ser erróneas; sus más firmes creencias, infundadas». Y sus ali­mentos favoritos pueden ser la causa fundamental de sus peores pro­blemas. Es un hecho comprobado que a la gente le resulta mucho más fácil creer una mentira que han oído repetir mil veces que una verdad que nunca habían oído antes. Primero hay que «desaprender» los vicios dietéticos arraigados desde la primera infancia, y luego familiarizarse con los datos objetivos sobre la dieta y la nutrición. Y para ello no hay que creer en la palabra de nadie. Si se limita a seguir el Tao de la ali­mentación y las normas de la trofología durante unos pocos meses, su propio cuerpo le proporcionará todas las pruebas necesarias, y, a menos que no le importen nada su salud y su longevidad, no tardará en adoptar estos nuevos hábitos como una parte natural y permanente de su vida diaria.

Los regímenes taoístas no exigen una rigurosa mortificación ni aburrimiento culinario. Utilizando su imaginación y sus conocimientos de trofología, le será fácil preparar comidas compatibles, digeribles y nutritivas que resulten muy agradables al paladar. Y, ¿qué problema re­presenta el poner de vez en cuando en la mesa algo de fruta fresca, fru­tos secos y semillas en lugar de cocinar un revoltillo incompatible? Asi­mismo, si deja la despensa vacía, estará motivado para salir con más frecuencia a comprar productos frescos y ricos en enzimas en lugar de recurrir a productos enlatados, elaborados y refinados que no le pro­porcionan ningún alimento y provocan numerosos trastornos en su aparato digestivo.

Por otra parte, comer aun en los más exóticos restaurantes no es ninguna excusa para cometer crímenes culinarios contra su or­ganismo. Puede encargar un menú perfectamente equilibrado y trofológicamente compatible en casi cualquier restaurante que prepare la comida al momento. Eso, desde luego, excluye a todos los estableci­mientos de comidas rápidas, donde ésta se prepara con mucha antela­ción a partir de productos elaborados. Pero en un restaurante italiano puede solicitar una buena comida a base de hidratos de carbono com­puesta por un plato de pasta con salsa de tomate (sin queso ni carne, por favor) y complementada por una abundante ensalada vegetal. En un restaurante especializado en carnes puede pedir un gran bistec, si le apetece, pero prescinda del pan, solicite que le sirvan la carne muy poco hecha y compleméntela con una ensalada del tiempo. Si se en­cuentra ante un gran buffet cargado con toda clase de postres tentadores que usted sabe no podrá resistir tras los platos principales, pues pres­cinda de los platos principales y cómase dos o tres postres, tras prepa­rar su estómago con las enzimas y la fibra de una buena ensalada. Donde hay una voluntad, hay un camino, y ahora que ya conoce el Ca­mino, todo depende de su voluntad de practicarla.

 

Clasificación de los alimentos y tabla de combinaciones

 

Clasificación de los alimentos

Proteínas: aquellos alimentos que contienen al menos un 15 por ciento de materia proteínica.

Proteínas concentradas: carne, pescado, aves, huevos, leche, queso.

Proteínas ligeras: frutos secos, judías, guisantes, derivados de la soja, aguacates, cereales integrales.

Hidratos de carbono: aquellos alimentos que contienen al menos un 20 por ciento de féculas y/o azúcares.

Féculas: cacahuetes, plátanos, patatas, todos los productos a base de pasta, arroz, pan, tartas y pasteles, cereales refinados, etc. Azúcares: azúcar integral, moreno y de caña en bruto, fructosa, miel, jarabe de arce, frutas pasas dulces (pasas, dátiles, higos, ci­ruelas).

Grasas: aceite de origen animal o vegetal.

De origen animal: mantequilla, nata, manteca, sebo, carnes graso­sas.

De origen vegetal: aceite de oliva, de soja, de girasol, de sésamo, de maíz, de cártamo, todos los aceites de frutos secos.

Vegetales: lechuga, apio, col, coliflor, espinaca, brotes de soja, pe­pino, espárragos, cebolla, berenjena, nabo, berro, puerro, calaba­cín, judías verdes, pimientos verdes, rábano, zanahoria, alcachofa, aceituna, etc.

Excepciones: las patatas se cuentan como fécula; los tomates se cuentan como fruta ácida.

Frutas:

Frutas ácidas: naranja, pomelo, lima, limón, fresas, arándanos, piña, tomate.

Frutas subácidas: manzana, pera, melocotón, cereza, uva, albari­coque, nectarina, ciruela, etc.

Melones: sandía, melón (en todas sus variedades), papaya, etc. Excepciones: los plátanos se cuentan como fécula; los higos secos, dátiles, pasas y ciruelas secas se cuentan como azúcares.

 

Cuadro de combinación de alimentos

 

Notas:

Un «NO» indica que esa combinación es incompatible.

Un «SÍ» indica que esa combinación es compatible.

La leche debe consumirse sola, como alimento proteínico, y a ser posible en forma natural, no pasteurizada.

En el apartado «Frutas» no se incluyen los melones, que deben comerse solos para una óp­tima digestión y asimilación.

Los plátanos, pasas, higos secos, dátiles y ciruelas secas son alimentos tipo fécula/azúcar de la mejor calidad, y no deben combinarse con proteínas.

Los vegetales combinan bien con todo, excepto la patata (que es una fécula) y el tomate (que es un ácido).

Las grasas no deben combinarse con proteínas concentradas, pero son relativamente com­patibles con las proteínas ligeras.

Cuanto más cerca esté un alimento de su estado crudo y natural, más compatible será ton otras clases de comida; por consiguiente, procure que al menos un 50 por ciento de su dieta se componga de alimentos frescos consumidos en estado crudo. Esto le proporcionará las enzimas activas y la fibra húmeda que hacen falta para compensar las combinaciones incompatibles de alimentos cocidos.

 

 

Juan Carlos Orozco

-Tecnico de Laboratorio

– Masoterapeuta Holístico (Tui Na; Masoterapia; Reflexología)

– Moderador taller “Bienestar y Salud” en espacio Sueños del Alma.

Tel: 0351-4768802 // 0351-158070975

Mail: juanorozco2@yahoo.com.ar

Blog: www.masajesadomicilio.fullblog.com.ar

     www.weiwuweicordoba.fullblog.com.ar

 

 

publicado por juancaorozco a las 11:56 · 3 Comentarios  ·  Recomendar
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vexijnbtbkftbepnjdjmjp, whiidhddeh , [url=http://www.ztnhvrnuoy.com/]tcazqiruis[/url], http://www.fhvqvolwzx.com/ whiidhddeh
publicado por rwhhryajsl, el 23.11.2013 07:16
Sorprendente post. Gracias por publicarlo...Espero màs...

Saludos
publicado por comprar te blanco, el 11.07.2014 10:28
Hola Juan, como estas?
Necesito que me ayudes con una duda que tengo. Lei tu blog, y otros mas, sobre trofologia y quiero saber si me recomendas estudiar bioquimica (estudio diseño y tengo 22 y muchas preguntas que el diseño no va a responder) ¿o es una carrera demasiado mafiosa?¿es la que mas cercana que esta a la trofologia?
Espero tu respuesta, un abrazo!
(tambien te envie un msj al mail, perdon)
publicado por rodrigo, el 19.03.2015 23:36
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Juan Carlos Orozco

Masoterapeuta holistico. Manejo de tecnicas de extracción de la MTC (medicina tradicional china)Ej. Tui Na; AMMA; Digitopuntura y Reflexologia Podal.
Estudioso e investigador de la Bioenergética y sus asociaciones.

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Paz y Bien
ORACIÓN FRANCISCANA POR LA PAZ

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.
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