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Masoterapia a Domicilio
Blog de JUAN CARLOS OROZCO

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22 de Enero, 2014 · General

LA RESPIRACIÓN (parte II) EL ARTE DE LA RESPIRACIÓN sus ASPECTOS y PRÁCTICA


LA RESPIRACIÓN (parte II)

 

EL ARTE DE LA RESPIRACIÓN 

En principio, la respiración es una ciencia, pero en la práctica es un arte. Ahora que hemos examinado en el artículo anterior de “La Respiración parte I” la naturaleza científica del Qi e investigado el papel fundamental de la nariz en la respiración, ha lle­gado el momento de aprender el arte de respirar.

Lo que distingue a la respiración superficial habitual de la respira­ción abdominal profunda es la función que desempeña el diafragma. El diafragma es una membrana muscular, robusta pero flexible, que separa la cavidad torácica de la abdominal. Cuando los pulmones se ensanchan, empujan el diafragma hacia abajo; cuando se contraen, lo arrastran hacia la cavidad pectoral (figura 3).

Aunque la mayoría de los médicos occidentales sigue considerando el diafragma como un músculo relativamente poco importante que sólo tiene un papel pasivo en la respiración, basta una mirada superficial a la naturaleza para constatar que el organismo humano fue pre­visto para respirar principalmente con el diafragma, no con la caja to­rácica y las clavículas. Debido a la pereza, la ignorancia, el tabaco, la contaminación, el estreñimiento y otros factores, hoy en día las perso­nas adultas invariablemente respiran superficialmente con el pecho, en vez de hacerlo profundamente con el abdomen como es lo correcto.


 Figura 3

Respiración diafragmática:

(Izquierda) inhalación/expansión

(Derecha) exhalación/contracción



La respiración pectoral utiliza los músculos intercostales (situa­dos entre las costillas) para ensanchar por la fuerza la parte superior de la caja torácica, con lo que disminuye la presión del aire en los pul­mones y el aire del exterior entra por succión. Sin embargo, esto hace que permanezca inmovilizada la parte inferior de los pulmones, que contiene con mucho la mayor superficie. Por lo tanto, es necesario respirar al menos tres veces con el pecho para absorber la misma can­tidad de aire que llega a los pulmones con una sola respiración dia­fragmática. El Dr. A. Salmanoff describe la función respiratoria del diafragma de la siguiente manera:

“Es el músculo más poderoso del cuerpo; ejerce una perfecta ac­ción de bombeo, comprimiendo el hígado, el bazo y los intestinos, y estimulando toda la circulación abdominal y portal. Al comprimir los vasos linfáticos y sanguíneos, el diafragma favo­rece la circulación venosa desde el abdomen hacia el tórax”.

El número de movimientos por minuto del diafragma es una cuarta parte de los del corazón. Pero su poder hemodinámico es mucho mayor que el de las contracciones cardíacas, porque la su­perficie de bombeo es mucho mayor y su capacidad impul­sora es superior a la del corazón. Sólo tenemos que visualizar la superficie del diafragma para aceptar el hecho de que éste actúa como un segundo corazón. 


La respiración clavicular, característica de los enfermos de asma y enfisema, es todavía menos eficiente que la pectoral. En este tipo de respiración, las clavículas se alzan para abrir la angosta porción supe­rior de los pulmones. La respiración ha de ser muy rápida -como la de un perro jadeante- para poder llevar la suficiente cantidad de aire a esas minúsculas bolsas superiores de los pulmones controladas por las clavículas. Y, puesto que la superficie pulmonar en contacto con el aire es tan reducida, el corazón debe bombear la sangre mucho más rápidamente que en la respiración profunda.

La respiración clavicular se da espontáneamente en todo el mundo cuando dominan los efectos de la ansiedad o la tensión. Y, a la in­versa, quienes respiran habitualmente de esta forma se vuelven pro­pensos a padecer de ansiedad crónica. La próxima vez que se sienta nervioso o envarado, podrá comprobar fácilmente la relación entre la ansiedad y la respiración superficial si presta atención a su forma de respirar. Luego, haga unas cuantas inspiraciones abdominales profun­das, retenga el aire unos pocos segundos y espire de forma lenta y sos­tenida. ¡Ya verá cómo la ansiedad se desvanece al instante!

Por desgracia, la mayoría de los adultos olvidó hace tiempo cómo se utiliza el diafragma para respirar; de hecho, la mayor parte de la gente ni siquiera es consciente de que posee tal órgano. Las mujeres tienden especialmente a la respiración clavicular superficial. Esta ten­dencia se relaciona con el embarazo, durante el cual la respiración diafragmática se vuelve imposible debido a la expansión del útero. Las mujeres, asimismo, tienden a utilizar prendas que comprimen la cin­tura, siendo así que basta una ligera presión en esta zona para enviar la respiración hacia la caja torácica y las clavículas.

La respiración abdominal completa debe utilizar las tres formas de respirar que acabamos de describir en una suave y continuada expan­sión de los pulmones que comienza por abajo, no por arriba. Primero se inhala lentamente el aire hacia la parte inferior de los pulmones, dejando que el diafragma se dilate y se infle como un globo hacia la cavidad abdominal. Cuando el diafragma está completamente dila­tado, entran en acción los músculos intercostales para abrir la caja torácica y llenar de aire la zona media de los pulmones. Y cuando la caja torácica alcanza su mayor expansión, un pequeño esfuerzo final alza un poco las clavículas para que entre el aire en las angostas bolsas su­periores de los pulmones. En este punto, los hombros tienden a en­corvarse y el cuello a contraerse, de modo que, cuando la inspiración está completa, hay que relajar y aflojar deliberadamente los hombros y estirar el cuello. Acto seguido, deje que se hunda la «burbuja» de aliento pecho abajo, en dirección al ombligo, empujándola hacia el diafragma.



Al reducir el número de inspiraciones y espiraciones por minuto a menos de la mitad, la respiración diafragmática incrementa notable­mente el rendimiento respiratorio, ahorra esfuerzo al corazón y con­serva la energía vital. Los taoístas no miden la longitud de la vida con­tando cumpleaños, sino contando respiraciones y latidos del corazón: cada respiración y cada latido que ahorre ahora prolongará su vida más tarde. La respiración diafragmática proporciona un poderoso im­pulso a la circulación de la sangre, enviándola hacia todo el organismo sin provocar ningún esfuerzo al corazón, y aumenta en gran medida la capacidad pulmonar. Por cada milímetro de más que el diafragma se dilate durante la inhalación, la capacidad pulmonar aumenta en un volumen de 250-300 ml. Recientes estudios realizados en la China continental demuestran que la mayoría de los principiantes en el arte de la respiración profunda aumentan la dilatación de su diafragma en un promedio de 4 mm tras sólo 6-12 meses de práctica, lo cual signi­fica que en menos de un año han aumentado su capacidad pulmonar entre 1.000 y 1.200 ml.

Antes de presentar un análisis detallado de la respiración diafrag­mática en cuatro etapas, conviene que examinemos las cuatro posturas fundamentales que se utilizan en la práctica de los ejercicios respirato­rios: de pie, sentado, tendido y caminando. Los antiguos sabios acon­sejaban: «yérguete como un pino, siéntate como una campana, yace como un arco y camina como el viento». He aquí lo que querían dar a entender:

 

De pie

La postura erguida es la más indicada para los ejercicios de respi­ración terapéutica, pues permite la libre circulación de la sangre a todas las partes del cuerpo y favorece el flujo de energía por los meri­dianos. Además, el hecho de estar de pie también permite aprovechar al máximo el gradiente de potencial entre el Cielo (la cabeza) y la Tie­rra (los pies). La postura utilizada por los adeptos taoístas se deno­mina «del caballo», porque recuerda la posición que se adopta para cabalgar (figura 4). Los antiguos maestros solían decir «un hombre solo es tan fuerte como su caballo», refiriéndose a la postura del hom­bre, no al animal.

Separe los pies a la anchura de los hombros. Los hombres deben colocar los pies paralelos, y las mujeres con las puntas separadas hacia el exterior formando un ángulo de 45". Doble ligeramente las rodillas como para empezar a acuclillarse, de forma que todo el peso del cuerpo recaiga sobre los muslos, dejando libres la columna y la pelvis. Las rodillas y los muslos deben estar ligeramente vueltos hacia aden­tro, como apretando los flancos de un caballo al galope. Deje que los brazos cuelguen sin ninguna tensión, las palmas vueltas hacia atrás. Mantenga los hombros completamente relajados y ligeramente redon­deados, de forma que el pecho esté relajado. «Erguirse como un pino» significa que se debe mantener la columna vertebral recta como un pino, desde la coronilla hasta el cóccix. Mantenga la pelvis suelta, «desbloqueada» y echada hacia adelante para enderezar la curvatura de la parte inferior de la columna.

 

Figura 4 Postura del Caballo


Esquema posición sentado para respirar y meditar

Sentado 

Básicamente existen dos posiciones sentadas: las diversas variantes del «loto» con las piernas cruzadas y las que utilizan una silla o un ta­burete. El loto presenta tres variantes: loto fácil, medio loto y loto completo (figura 5). El medio loto es el que suele utilizarse con mayor frecuencia. El loto completo exige una larga práctica y una considerable extensión de los ligamentos de la rodilla, mientras que el loto fácil tiende a comprimir los vasos sanguíneos allí donde los tobi­llos se apoyan en las pantorrillas, provocando el entumecimiento de las piernas. El loto es una postura muy estable, pues el peso del cuerpo se reparte uniformemente sobre el suelo y la columna se alza bien er­guida sobre una sólida base. De ahí que los antiguos maestros habla­ran de «sentarse como una campana».

Resulta conveniente sentarse sobre un cojín firme dispuesto en­cima de un listín telefónico. Esto hace que la pelvis se incline hacia adelante y la columna se mantenga recta, y ayuda a evitar el entumeci­miento de las piernas. La cabeza debe sostenerse erguida, los hombros ligeramente redondeados, el pecho relajado, los ojos dirigidos hacia el suelo un poco por delante del cuerpo, y las manos cómodamente apo­yadas en las rodillas o los muslos, o bien la una encima de la otra con las palmas hacia arriba, apoyadas en el regazo por debajo del om­bligo.

FIGURA 5

Las tres posturas del Loto

  

Figura 5: Loto Fácil

  

Figura 5: Medio Loto 

Figura 5: Loto Completo


El segundo método consiste en sentarse en una silla o taburete bien firme, con los muslos paralelos al suelo y formando ángulo recto con las pantorrillas (figura 6). Ésta es la mejor posición para quienes comienzan a practicar la respiración profunda, al menos hasta que hayan fortalecido piernas y rodillas lo suficiente como para mantener la postura del caballo durante sesiones prolongadas. El asiento de la silla debe ser duro, sin acolchar, y hay que sentarse en el borde, con las plantas de los pies completamente apoyadas en el suelo y separadas a la anchura de los hombros, paralelas entre sí en el caso de los hom­bres y formando en ángulo de 45" en el caso de las mujeres. Man­tenga la espalda recta desde la coronilla hasta el cóccix y apoye cómo­damente las manos sobre los muslos. Los hombres deben llevar pantalones sueltos o nada en absoluto, dejando que los testículos cuel­guen libremente sobre el borde de la silla para facilitar la circulación de la energía desde el sacro hacia arriba, a lo largo de la columna. Las mujeres, en cambio, deben llevar alguna prenda interior que impida las fugas de Qi por la vagina.

Figura 6

Posición sentada en silla para respirar


La mayor ventaja de esta postura es que puede mantenerse durante largo tiempo sin experimentar entumeci­mientos, calambres ni fatiga en las piernas.

 

Tendido

A menos que esté usted enfermo o incapacitado, la postura yacente no suele recomendarse para la práctica de la terapia respirato­ria, ya que no permite la libre circulación de la esencia y la energía ni aprovecha tampoco el gradiente de potencial.

Hay dos variantes básicas. Una consiste en tenderse de espaldas con la cabeza apoyada sobre un almohadón pequeño y firme, las pier­nas completamente estiradas, los brazos sueltos a los lados. El método preferido consiste en tenderse sobre el lado derecho, con la mano de­recha situada entre la almohada y la sien y el brazo izquierdo apoyado sobre el cuerpo.

Figura 7

Posición acostada de costado para respirar y dormir


Las piernas pueden adoptar una cualquiera de las dos posiciones siguientes: o bien con la pierna de abajo completa­mente estirada y la de arriba doblada de forma que el tobillo repose cerca de la rodilla de abajo, o bien con la pierna superior que se apoye completamente sobre la de abajo, con las rodillas en contacto y ligeramente dobladas (figura 7). En esta postura de costado, el dia­fragma da un profundo masaje a los órganos abdominales durante el ejercicio respiratorio. Debido a la suave curvatura que adoptan en esta postura las piernas y la espalda, los antiguos maestros la descri­bían con la frase «yacer como un arco».

 

Caminando

 

En los ejercicios respiratorios, caminar es el complemento dé todas las posturas estacionarias. La respiración profunda debe practicarse primero en posición erguida o sentada y posteriormente extenderse a todas las demás actividades, tales como andar, conducir un automóvil o hacer el amor. Caminar es el primer paso en el proceso de aplica­ción general de la respiración a las actividades cotidianas. Respirar co­rrectamente mientras se camina exige una completa atención a lo que se está haciendo, lo que viene a representar una especie de «medita­ción en movimiento». Respirar profunda y regularmente mientras se anda es una excelente manera de cultivar la armonía funcional de cuerpo, respiración y mente, y sirve para mejorar la coordinación fí­sica general. Cuando se realiza adecuadamente, este ejercicio produce una sensación de ligereza y elasticidad, como si se estuviera «cami­nando como el viento».

Caminando como el viento



ASPECTOS FUNDAMENTALES

Sea cual sea la postura que decida adoptar para sus ejercicios res­piratorios, tenga siempre en cuenta los siguientes puntos básicos:

 

• Antes de empezar, quítese todas las joyas, relojes y gafas, y afloje cuellos y cinturones. Evite cualquier opresión sobre la superficie del cuerpo, sobre todo en la cintura, y evite también todo material sinté­tico que pueda aislar su cuerpo del campo eléctrico de la Tierra.

• Siempre que le resulte posible, practique al aire libre, a poder ser descalzo o, al menos, con calcetines o zapatos de cuero. Ofrezca la máxima superficie descubierta a la acción ionizante del viento, el agua y el sol, pero evite las brisas frías. La práctica junto a una masa de vegetación resulta muy beneficiosa, porque las plantas enrique­cen el aire con oxígeno y exudan su propia clase de Qi. Por eso los chinos de las ciudades acostumbran a practicar en parques públicos. Cuando esté bajo techo, practique cerca de una ventana abierta en una habitación bien ventilada pero sin corrientes.

• El horario es importante. Las mejores horas para practicar la respi­ración son, con mucho, de las 3 de la madrugada a las 7 de la ma­ñana, cuando las energías Yang positivas se alzan con más fuerza en la atmósfera, y entre las 11 de la noche y la 1 de la madrugada, cuando las energías cósmicas Yin ceden su predominio a las Yang. En nuestros ritmos diarios actuales se hace complicado observar este detalle horario, pero para obtener los mejores resultados, practique dos veces al día: por la mañana temprano, antes de desayunar, y por la noche justo antes de acostarse. No practique durante la hora siguiente a una comida y evite las bebidas frías hasta veinte o treinta minutos después de haber terminado la sesión, esto no sugiere no hidratarse adecuadamente, solo respete la temperatura del líquido a ingerir. La respiración profunda acumula energía caliente en el «mar de energía» situado bajo el ombligo, y la inges­tión inmediata de un líquido frío puede ocasionar graves conflictos de energía.

• Las mujeres embarazadas y las personas que padezcan alguna clase de fiebre o de hemorragia interna no deben practicar la respiración profunda.

• Mantenga la columna recta, pero no rígida, todo el tiempo. Una co­lumna agarrotada o encorvada puede bloquear la circulación de la energía por los canales de la espalda, interrumpiendo así su libre flujo entre el sacro y la coronilla. Es especialmente importante man­tener estirada la parte posterior del cuello, pues por ahí llega la energía al cerebro desde los centros inferiores. La forma correcta de estirar el cuello es recogiendo la barbilla hacia el interior, hacia la garganta.

Posición correcta del cuello

• Durante la respiración se debe mantener la mirada sin enfocar y los párpados entornados a fin de evitar distracciones visuales. Dirija la vista al suelo, sin esforzarlo, a cosa de uno o dos metros por delante de los pies. Vuelva la atención hacia el interior, mediante la visuali­zación mental de la región del ombligo y los órganos que hay de­trás.

• En la fase final de la inhalación, los hombros tienden a encorvarse, lo cual tensa el cuello y obstruye el flujo de energía hacia la cabeza. Asegúrese de mantener los hombros sueltos, relajados y bajos du­rante toda la sesión.

• Mantenga los labios cerrados pero sin apretar los dientes. La lengua debe estar firmemente apoyada en el paladar, tras los dientes supe­riores, a lo largo de todo el ejercicio. El hecho de levantar la lengua hacia el paladar estimula la secreción de saliva por dos conductos si­tuados bajo la misma. Esta saliva recibe el nombre de «rocío dulce» (gan lu) y debe ser tragada, pues contiene enzimas sumamente acti­vas y muy beneficiosas para el estómago. Por el contrario, cualquier mucosidad procedente de los pulmones o la nariz debe ser escupida, ya que, a diferencia de la saliva, los mocos son un producto de dese­cho. Asimismo, la lengua apoyada en el paladar forma un puente que conecta los dos canales de la órbita Microcósmica que se reú­nen en el velo del paladar. A no ser que la lengua esté firmemente apretada contra el paladar, la energía no haya ningún camino para cruzar desde el paladar a la garganta.

• Concentre el oído en los sonidos internos de la 'respiración y los lati­dos en vez de permitirle que distraiga su mente con los sonidos ex­ternos. Procure practicar en un lugar tranquilo sin ruidos artificia­les, aunque los sonidos naturales del viento, el agua, los pájaros, etcétera, pueden incluso facilitar la armonía del espíritu. Algunos adeptos utilizan tapones auriculares para favorecer la interiorización de la conciencia durante la respiración y la meditación.

• Puede mejorar considerablemente la respiración profunda mediante un ligero control consciente del aparato nasal. Durante la inspira­ción, ensanche deliberadamente las aletas de la nariz; esto aumenta el volumen de aire inspirado y aumenta su turbulencia en los con­ductos nasales, permitiendo una mayor extracción de Qi. Fíjese cómo los animales ensanchan y contraen rítmicamente las ventanas de la nariz a cada respiración, «probando» el aire a medida que lo «ingie­ren». Debido a la atrofia de la musculatura nasal en el hombre civili­zado, la respiración está inhibida. La apertura consciente de las ven­tanas de la nariz también ayuda a concentrar la atención en el proceso respiratorio.

• En el corazón de todo el proceso respiratorio se halla la mente. La mente es un diablillo escurridizo al que no le gusta concentrar la atención durante mucho tiempo, y muestra una poderosa tendencia a divagar a la ventura por los siempre cambiantes mares del pensa­miento y la fantasía. Los taoístas chinos la califican de «mono jugue­tón» y los yoguis de la India la comparan con un «caballo salvaje» que no quiere dejarse embridar. Ya sabemos que «el espíritu go­bierna la energía». Por consiguiente, si el espíritu está «ausente» du­rante los ejercicios respiratorios, la energía carece de gobernador y se limita a vagar sin objeto, dispersándose y fugándose en lugar de acumularse y circular. Estudios recientes llevados a cabo en la China continental demuestran que, cuando se practica la respiración pro­funda con la mente bien concentrada en determinado punto del cuerpo, este punto se calienta y registra una fuerte carga eléctrica. Esto está plenamente de acuerdo con las observaciones de Chang Rui, director del instituto médico imperial durante la dinastía de los Sung del Sur (1127-1279):

 

La mente es el general de la energía. Allí donde va la mente, la energía la sigue.

Cuando cierta parte del cuerpo está enferma, uti­liza la mente para dirigir la energía a la zona afectada y la pertur­bación se corregirá.

Los maestros taoístas engloban a los ojos, oídos, nariz, lengua y cuerpo bajo la denominación de los «Cinco Ladrones» de la respiración y la meditación, pues literalmente le «roban» a uno la atención mental necesaria para controlar el aliento y la energía. Así pues, los adeptos deben aprender a «aprisionar» interiormente a los Cinco La­drones mediante la deliberada concentración de la conciencia senso­rial en el interior, fijándola en los órganos y centros de energía antes que en los objetos externos.

No se desaliente si al principio su mente sigue galopando en todas direcciones. La cosa es bastante parecida a educar a un niño: hay que aplicarse a la tarea con una combinación equilibrada de disciplina y paciencia, día tras día. Pronto aprenderá sus propios trucos para con­trolar la mente, tales como «sobornarla» para que se calle durante media hora a cambio de la promesa de un capricho favorito para más adelante. Cuando empiece a sentir calor en ciertos órganos o partes del cuerpo, y el cosquilleo de la energía que asciende hacia el cerebro por los canales dorsales, eso querrá decir que ha comenzado a lograr la unidad de mente y aliento, de espíritu y energía. Con el tiempo, podrá enviar una corriente de energía a cualquier órgano, glándula o miembro que necesite terapia, con sólo concentrar allí su atención mental mientras respira.

La armonía entre mente y aliento es la clave fundamental de los ejercicios respiratorios y del control de la energía. Sin claridad y pre­sencia de espíritu, la práctica de la respiración no pasa de ser un ejer­cicio físico higiénico que tonifica los pulmones, da masaje a los órga­nos y favorece la circulación de la sangre. A fin de alcanzar ese nivel de la práctica en que la respiración se utiliza para absorber, acumular y distribuir la energía por las redes de circulación del organismo, la mente debe poseer un dominio completo del cuerpo y la respiración, y usted debe tener el dominio completo de su mente.

 

 

CONTROL RESPIRATORIO EN CUATRO FASES

La mayoría de los ejercicios de respiración taoístas constan de cuatro fases diferenciadas: inhalación, retención, exhalación y pausa. Es importante realizar cada fase correctamente y enlazarlas todas con suavidad, de modo que vamos a examinarlas por separado.

Inhalación

El término «inhalación» es sinónimo de «inspiración», lo que indica que hubo un tiempo en que incluso la civilización occidental sabía re­conocer las relaciones entre aliento y espíritu.



 Tras adoptar la postura de su elección, con el abdomen relajado, los hombros sueltos y la espalda erguida, vacíe completamente los pul­mones por medio de una exhalación forzada y una fuerte contracción de la pared abdominal. Acto seguido, deje que el abdomen vuelva a relajarse e inicie una inhalación lenta por las ventanas de la nariz, di­rigiendo el aire hacia la parte inferior de los pulmones de forma que el diafragma se dilate hacia abajo y el abdomen se infle como un globo. Cuando la parte inferior de los pulmones esté llena, siga inha­lando suavemente y deje que la caja torácica se ensanche para llenar la parte media de los pulmones, y finalmente inhale un poco más para llenar la parte superior. No es necesario ni aconsejable llenar comple­tamente los pulmones a cada inhalación, ni debe forzar nunca la inha­lación más allá de la capacidad que le resulte cómoda. Una buena me­dida es llenarlos más o menos hasta las dos terceras partes de su capacidad.

El último paso en la inhalación consiste en hundir suavemente hacia la cavidad abdominal esa gran «burbuja de energía» que es el aliento. Esto hará que la pared abdominal sobresalga hacia afuera.

 

Retención

Cuando se realiza correctamente, incluso una breve retención del aliento proporciona profundos beneficios terapéuticos a todos los ór­ganos, glándulas y aparatos funcionales del cuerpo.

Los taoístas describen la retención del aliento como «respiración embrionaria» (tai hsi) porque los pulmones no se mueven. En la ter­minología científica occidental se la llama «reacción de inmersión» (según investigaciones sobre las focas) o «respiración celular». En el in­terior de la matriz, el feto recibe oxígeno y energía a través del cor­dón umbilical, no de los pulmones, y por tanto toda su respiración se desarrolla únicamente a nivel celular. Lo que ocurre en el cuerpo du­rante la retención del aliento es complejo, sutil y de importancia esen­cial para la eficacia de los ejercicios respiratorios. El pulso cardíaco se reduce a menos de la mitad, la presión de la sangre disminuye con­siderablemente y la respiración celular queda automáticamente acti­vada. Las células de todo el cuerpo empiezan a «respirar» por sí mis­mas, descomponiendo espontáneamente los azúcares para liberar oxí­geno y excretando automáticamente los residuos celulares al torrente circulatorio para su eliminación. El calor y la transpiración que se ex­perimentan al cabo de 10 o 15 minutos de practicar la respiración profunda son consecuencia directa de esta intensificación de la respi­ración celular.

La naturaleza ha equipado al ser humano con el mismo «meca­nismo de inmersión» que utilizan las focas bajo el agua, pero la civili­zación ha causado la atrofia de esta rejuvenecedora reacción. Los niños, empero, todavía la conservan durante sus primeros años, como demuestran los casos de chiquillos de 5 años que caen en ríos hela­dos y permanecen bajo el agua hasta dos horas, para ser luego res­catados y revividos sin ninguna lesión cerebral. Con una práctica suficiente, también los adultos pueden recuperar este mecanismo. Sin embargo, no hay que intentar nunca retenciones prolongadas del aliento sin la orientación personal de un maestro cualificado y muchos años de práctica preliminar en el control respiratorio. Para nuestros fines, bastará con retenciones de 3 a 10 segundos, que pueden practicarse sin peligro incluso a solas y sin las instrucciones de un maestro.

Favorecer la respiración celular es uno de los objetivos principales de la retención del aliento, pero no el único. En los pulmones, la re­tención enriquece la sangre con oxígeno adicional y elimina una mayor cantidad de dióxido de carbono, al aumentar el tiempo dedi­cado al intercambio gaseoso. En los tejidos, la retención aumenta la presión parcial del oxígeno sobre las paredes de los capilares, incre­mentando así el intercambio gaseoso entre la corriente sanguínea y las células.

La respiración celular genera calor corporal. Este calor suele no­tarse en la parte inferior del abdomen, desde donde se extiende luego a las extremidades, provocando a menudo la transpiración incluso en un frío día de invierno. ¿De dónde procede este calor? La respuesta es que irradia desde la «caldera» de todas las células del cuerpo. Los yo­guis tibetanos acumulan este calor celular en el Mar de Energía me­diante un ejercicio respiratorio sumamente elaborado que recibe el nombre de tumo, el «Fuego en el Vientre». Los adeptos demuestran haber alcanzado el dominio de este yoga de la siguiente manera: en pleno invierno, se sientan completamente desnudos sobre la nieve en la orilla de un lago helado, mientras los ayudantes van empapando sá­banas en el agua del lago a través de un boquete en el hielo. Estas sábanas mojadas se utilizan para envolver el cuerpo del adepto, que debe secarlas por completo con el calor tumo generado en su interior. El proceso se prolonga durante varias horas, hasta que se ha secado un número determinado de sábanas.

En 1966, la Unión Soviética invitó a Moscú al Swami Brahmachari, gurú personal del primer ministro Nehru, para que iniciara a los as­tronautas soviéticos en las técnicas de respiración profunda, como parte de su entrenamiento para viajes espaciales prolongados. Basta este detalle para demostrar cuán seriamente se toman los rusos estas cuestiones. El Swami llegó a Moscú en mitad del invierno sin otro ata­vío que una fina túnica de algodón, mientras sus anfitriones tiritaban al borde de la pista bajo sus gruesos abrigos, gorros de piel y bufandas de lana. Preocupados por la salud del Swami, se apresuraron a ofre­cerle un abrigo, pero éste lo rechazó cortésmente y les explicó que producía su propio calor según lo necesitaba. Su secreto: el control de la respiración y la respiración celular.

La retención del aliento incrementa el nivel de dióxido de carbono en la sangre, lo cual indica automáticamente al centro respiratorio del cerebro que ha de dar la señal para iniciar la exhalación. En ese mo­mento, el adepto hace que su voluntad se imponga al reflejo exhalatorio, y cada vez que sucede esto se refuerza el control voluntario de la respiración. El paso siguiente en la «alquimia interior» del control res­piratorio se produce espontáneamente: la estimulación de los nervios neumogástricos, o sistema nervioso parasimpático.

El sistema nervioso autónomo tiene dos componentes: el simpático y el parasimpático. Los nervios del sistema simpático corren a lo largo de la columna y constituyen el circuito «de acción» del cuerpo, pues aceleran el pulso, estimulan la secreción de adrenalina y la respira­ción, todo ello en preparación para la actividad física, mientras inhi­ben al mismo tiempo las funciones digestivas, excretoras y otras. El sistema parasimpático engloba a los nervios neumogástricos, que tam­bién discurren a lo largo de la columna y controlan funciones tan vita­les como la digestión, la peristalsis, la eliminación y el metabolismo. Cuando este sistema se activa, los circuitos de «acción» se cierran y todo el cuerpo queda calmado.

El sistema simpático y el parasimpático son antagonistas. El pri­mero estimula la actividad física y mental a expensas de las funciones vitales básicas, mientras que el segundo calma el cuerpo y la mente y estimula las funciones básicas. La vida urbana actual provoca una excitación crónica del sistema simpático, que conduce a un estado patológico conocido por la medicina china como «exceso de energía fuego» y por la occidental como «síndrome simpaticotónico», entre cuyos síntomas figuran el estrés crónico, la excitación nerviosa, palpi­taciones cardíacas, estreñimiento, indigestión, sequedad de boca y trastornos de la sexualidad. ¿Cuántos de estos síntomas da usted por sentados en su vida cotidiana?

La respiración profunda restablece el equilibrio natural entre las ramas simpática y parasimpática del sistema nervioso, lo que convierte la respiración en una forma de terapia preventiva sumamente eficaz contra la tensión constante, con sus nocivas consecuencias, a que hoy en día están sometidos los apresurados ciudadanos de todas las urbes del mundo.

Recientes pruebas médicas llevadas a cabo en China demuestran que apenas 15 minutos de ejercicios de respiración profunda causan abundante secreción de pepsina -la hormona que digiere las proteí­nas- y de otros jugos digestivos, y que favorecen notablemente la pe­ristalsis en todo el tracto digestivo. Este efecto se produce durante la fase de retención y hace de la respiración un excelente remedio con­tra la indigestión, el estreñimiento y otros trastornos digestivos.

Tenga en cuenta, empero, que nunca debe forzar la retención más allá de su capacidad natural. Practique con retenciones medias de 3 a 5 segundos, y, tras varios meses de práctica regular, podrá ir pro­bando con alguna que otra retención ocasional de 7 a 10 segundos, pero no se arriesgue a superar este límite sin contar con la supervisión personal de un maestro cualificado. Recuerde, además, que no es la duración ni el volumen de aire retenido lo que produce estos excelen­tes resultados terapéuticos, sino más bien la suave y rítmica regulari­dad de todo el proceso respiratorio, junto con tres técnicas físicas fundamentales que se aplican durante la breve fase de retención.

 

Exhalación

En los ejercicios respiratorios taoístas, la exhalación tiene más importancia que la inhalación. La respiración torácica superficial deja un residuo permanente de aire viciado y toxinas en el interior de los pul­mones, y es necesario vaciar éstos por completo para que puedan lle­narse de aire limpio.

Cuando note que llega el momento de exhalar, el primer paso consiste en relajar los Tres Cerrojos. Luego, lenta y casi imperceptible­mente, comience a exhalar con suavidad por la nariz o la boca, mante­niendo la lengua en contacto con el paladar y aumentando poco a poco la intensidad de la exhalación (pero no su velocidad) hasta que se establezca una corriente fuerte y constante.

 

Vacíe los pulmones en orden inverso a la inhalación: comience por la parte superior y ter­mine en el fondo. Al final de la exhalación, encoja la pared abdominal hacia adentro para empujar el diafragma hacia arriba, hacia el pecho, con lo que expulsará los últimos residuos de aire viciado. Esta con­tracción final del abdomen también comprime los órganos internos y los vacía de la sangre adicional recibida durante la inhalación. Final­mente, antes de volver a inhalar, deje que la pared abdominal se relaje y los órganos regresen a su lugar.

Si el aire tiende a salir de golpe en una especie de estallido, eso quiere decir que lo ha retenido durante demasiado tiempo.

Si el tiempo es frío y seco, la exhalación debe efectuarse siempre por la nariz, a fin de recuperar el calor y la humedad absorbidos por el aire al entrar por los conductos nasales. Sin embargo, en los climas calurosos y húmedos se puede optar por exhalar a través de la boca, lo cual favorece la expulsión de toxinas, permite una más profunda evacuación del aire y contribuye a disipar el exceso de calor corporal. El hecho de mantener la lengua pegada al paladar hace que las co­rrientes de aire que salen por la boca hacia el exterior queden amorti­guadas y moduladas, lo cual facilita una exhalación lenta y constante.


Esquema de Respiración Abdominal correcta e incorrecta

Pausa

Cuando los pulmones estén completamente vacíos, bloquee la gar­ganta con la glotis para que el aire de la atmósfera no se precipite a llenar los pulmones. En este punto, espere unos segundos para que la pared abdominal y el diafragma puedan volver a relajarse y luego co­mience poco a poco la siguiente inhalación a través de la nariz. Si ha de tomar aire con un jadeo, eso quiere decir que la pausa ha sido de­masiado larga.

 

LOS TRES CERROJOS

 

Durante la retención del aliento, los Tres Cerrojos desencadenan las reacciones bioquímicas y bioeléctrica que proporcionan beneficios terapéuticos a los órganos internos del cuerpo y a la red de energía, y favorecen la circulación de la sangre y la energía por todo el orga­nismo. Deben aplicarse hacia el final de la fase de inhalación, mante­nerse durante la retención y aflojarse cuando comienza la exhalación.

 

El cerrojo anal

Toda la cavidad pélvica está provista de un resistente entramado de músculos que de hecho constituye otro diafragma, llamado «dia­fragma urogenital». Estos músculos sostienen y controlan el ano, el recto, el perineo y el aparato urogenital. Cuando los pulmones se lle­nan y el diafragma se dilata, el aumento de presión en el abdomen re­percute sobre el blando ligamento inferior de la pelvis. Esto no sólo contrarresta el aumento de presión abdominal, sino que también es­tira y a la larga debilita los músculos y tendones del diafragma uroge­nital. Peor aún, permite que escape Qi por el ano y los conductos uro­genitales, que atraviesan el diafragma interior así como el esófago atraviesa el diafragma superior.

Para mantener el incremento de presión abdominal sobre los órga­nos y glándulas, e impedir la pérdida de Qi por los orificios inferiores, hay que aplicar con firmeza el cerrojo anal. El ano está controlado por dos esfínteres, o músculos en forma de anillo. El esfínter exterior cierra la abertura externa, y el interior -situado dos o tres centímetros más arriba- cierra la abertura principal y está directamente conectado con el diafragma urogenital. La contracción del esfínter interior pro­duce una poderosa estimulación de los nervios y glándulas del sacro e impide la pérdida de Qi. Asimismo, tensa y tonifica los tejidos de todo el diafragma urogenital y evita que se colapse a causa de la presión hacia abajo ejercida por el diafragma superior y los órganos del abdo­men.

He aquí cómo se aplica el cerrojo anal: cuando la inhalación llega a su máximo, concentre la atención en el ano y contraiga el esfínter exterior. Esto es fácil. Acto seguido efectúe una nueva contracción, más intensa, profunda y deliberada, a cosa de dos o tres centímetros por encima de la primera. Notará inmediatamente una poderosa con­tracción en todo el ligamento inferior de la pelvis.

Al retener el aliento, el nervio neumogástrico recibe una estimulación directa en su punto de origen en el cerebro. Cuando aplica al mismo tiempo el cerrojo anal, la raíz de este poderoso nervio, en el sacro, recibe también una estimulación similar, con lo que resultan muy favorecidas todas las funciones orgánicas controladas por el ner­vio neumogástrico. La contracción del diafragma urogenital con el cerrojo anal ejerce también una presión estimulante sobre una glán­dula poco conocida pero muy importante denominada «glándula de Luschka», que cuelga como una cereza al extremo del cóccix. En su libro sobre la respiración, Van Lysebeth incluye la siguiente cita del Dr. R. Polderman, médico y terapeuta yóguico holandés:

“Se trata de una masa irregular de células situadas en la punta del cóccix... Cuando se practica el bloqueo del esfínter anal, sus termi­naciones nerviosas son estimuladas. Este cuerpo coccígeo está di­rectamente conectado con el ganglio asimétrico -un centro nervioso autónomo- a través de sus fibras nerviosas.”

 

Mediante la correcta aplicación del cerrojo anal se obtienen profundos beneficios terapéuticos para todos los órganos y funciones re­lacionados con la región sacra, tales como la defecación, la peristalsis, la función prostática, la menstruación, las secreciones ováricas v testi­culares, la eyaculación, la micción y otras. Además, el cerrojo anal ejercita precisamente aquellos músculos, tendones, nervios y esfínte­res relacionados, en los varones, con el control de la eyaculación, que resulta cada vez más fácil a medida que el hombre va dominando el control de la respiración.

La práctica del cerrojo anal previene y cura las hemorroides, causadas por la estancación de la sangre en los minúsculos capilares de los esfínteres anales. Cada contracción y relajación de estos esfínteres expulsa la sangre estancada y atrae sangre fresca. Practique el cerrojo anal unas cuantas veces al final de cada movimiento intestinal, utili­zando la postura acuclillada. Esto ayuda a expulsar los residuos fecales en una última evacuación y provee a los esfínteres de sangre fresca y energía realizados su trabajo excretor. Todos los animales con­traen y relajan rítmicamente el ano al terminar sus evacuaciones, y también los humanos deberían hacerlo.

 

El Cerrojo Abdominal

El cerrojo abdominal junto con la columna, que forma una pared rígida en la espalda, el diafragma, que al descender ejerce presión desde lo alto, y el cerrojo anal, que mantiene la presión desde abajo, el cerrojo abdominal cons­tituye la cuarta barrera contra la pérdida de presión abdominal y de Qi durante la retención del aliento.

Por lo general, es en el control de la pared abdominal donde suele equivocarse la mayoría de los recién llegados a las técnicas orientales de respiración. A fin de favorecer la respiración diafragmática, los principiantes tienden a mantener la pared abdominal completamente relajada durante las cuatro fases del control respiratorio. Ciertamente, esto vuelve más fácil la extensión del diafragma hacia abajo, pero tam­bién provoca una dilatación anormal de los músculos abdominales (véase la figura 8a), que a la larga puede ocasionar la aparición de una «barriga prominente». Esta distensión durante la fase de retención también contrarresta los beneficios de la mayor presión abdominal sobre los órganos. Además, la respiración profunda aumenta el volu­men y la circulación de la sangre dentro de la cavidad abdominal, con lo que los órganos se llenan de sangre. Si no se aplica el cerrojo abdominal durante la retención, no habrá suficiente presión abdominal para exprimir de nuevo el exceso de sangre y, por tanto, los órganos pueden quedar congestionados.

 

      A                   B                        C  

Figura 8

Movimiento abdominal en la respiración

(A) Inhalación: el abdomen se expande, el diafragma urogenital desciende.

(B) Retención: la parte inferior de la pared abdominal se contrae ligeramente y el diafragma urogenital asciende por acción del cerrojo anal.

(C) Cerrojos: Del Cuello; Abdominal y Anal.

He aquí la forma correcta de aplicar el cerrojo abdominal durante la retención del aliento: cuando los pulmones estén llenos, el dia­fragma extendido y el cerrojo anal aplicado, contraiga deliberada­mente hacia adentro la parte inferior de la pared abdominal (la parte situada debajo del ombligo). (Figura 8b.) Esto empujará los órganos abdominales hacia arriba y adentro, contra la presión hacia abajo y afuera ejercida por el diafragma, de modo que se mantendrá el au­mento de presión en el interior de la cavidad abdominal. Advierta que la contracción de la parte baja de la pared del abdomen provoca una ligera extensión de la pared abdominal superior, justo por debajo del esternón. Esto es perfectamente normal y correcto. La parte superior del abdomen es mucho más rígida que la inferior, y esta ligera exten­sión durante el cerrojo abdominal no disminuye la presión interna.

Debido a su situación encima de los riñones, son las glándulas su­prarrenales las que reciben la más directa estimulación por parte del diafragma cuando la pared abdominal queda «bloqueada» como se ha descrito. Entre las secreciones de las glándulas suprarrenales figuran las vitales hormonas sexuales y la cortisona, que alivia la inflamación artrítica de las articulaciones. El cerrojo abdominal también estira y estimula las vértebras y los ganglios de la columna, pues proporciona a esta última una especie de tracción interna.

Examinemos de cerca el funcionamiento del diafragma como «se­gundo corazón» cuando se aumenta la presión abdominal y se man­tiene gracias al cerrojo. La vena cava es una de las principales venas del cuerpo, que atraviesa el diafragma para conducir la sangre gastada desde los órganos hasta el corazón y los pulmones. Por consiguiente, sirve de válvula de escape para el incremento de presión que experi­menta la sangre del abdomen durante la retención del aliento. La re­tención con aplicación de cerrojos aumenta considerablemente la pre­sión de la cavidad abdominal, mientras que la presión del pecho se mantiene normal. Esta diferencia impulsa naturalmente la sangre a lo largo de la vena cava, desde la zona de alta presión en el abdomen a la de presión normal en el pecho. La fuerza de esta propulsión, que actúa como una bomba de succión, es muchas veces superior a la de los latidos cardíacos, y se extiende por todo el aparato circulatorio. Cuando la diferencia de presión entre el abdomen y el pecho se in­vierte a causa de la exhalación y de la relajación de los cerrojos, la sangre oxigenada inunda de nuevo los órganos abdominales. Este efecto de bombeo resulta especialmente importante en invierno y a primeras horas de la mañana, cuando hasta un 50 por ciento del volu­men de sangre del cuerpo permanece almacenado en el hígado y el páncreas.

El cerebro es irrigado por 2.000 litros de sangre cada día, y esta sangre debe pasar por muchos kilómetros de capilares. La corteza ce­rebral, por ejemplo, contiene 1.000 metros de capilares por cada gramo de su peso. Normalmente, el corazón debe realizar un intenso y constante esfuerzo para mantener la irrigación del cerebro a través de esta vasta red circulatoria, tarea que resulta aún más agotadora de­bido a la gravedad. En las personas sedentarias que hacen poco ejerci­cio, el esfuerzo circulatorio del corazón es todavía mayor, sobre todo cuando efectúan algún trabajo cerebral. La respiración diafragmática profunda alivia la carga del corazón y la traspasa al diafragma, que ejecuta esta tarea de forma mucho más eficaz y prácticamente sin es­fuerzo alguno, gracias al aprovechamiento de las diferencias de pre­sión entre el abdomen y el pecho.

No confunda el control abdominal con rigidez abdominal. Algunas personas poseen una pared abdominal tan rígida que no son capaces de dilatarla ni contraerla. Esta rigidez paraliza el diafragma en su lugar y no permite sino una respiración muy superficial con la parte superior de la caja torácica. Entre los síntomas más comunes de la ri­gidez abdominal y la paralización del diafragma se encuentra el estreñimiento crónico, la indigestión, la mala circulación, falta de aliento, fatiga crónica, insomnio, jaquecas, inhibición de la libido, baja resistencia a las enfermedades y ansiedad habitual.

Por otra parte, una pared abdominal blanda y fofa resulta tan difí­cil de controlar como una rígida. El abdomen blando tiende a sobresa­lir durante la retención y es demasiado débil para aplicar el cerrojo abdominal. Para llegar a desarrollar el control del aliento y la energía hace falta poseer unos músculos abdominales fuertes pero flexibles. Todos los practicantes de la respiración profunda deben incluir en su régimen algunos ejercicios específicos para el fortalecimiento de los músculos abdominales. Las flexiones, por ejemplo, son un excelente medio para tonificar el abdomen.

 

El cerrojo de cuello

El tercer cerrojo es el del cuello, y resulta el más fácil de aplicar ya que no participa en el mantenimiento de la presión abdominal. Para aplicar el cerrojo de cuello, primero ha de contraer los músculos de la garganta y cerrar la glotis sobre los tubos bronquiales. Luego encoja ligeramente la barbilla en dirección a la garganta sin do­blar el cuello hacia adelante. Esto cierra la garganta y al mismo tiempo estira la parte posterior del cuello. Compruebe que mantiene los hom­bros relajados, pues de otra forma tienden a encorvarse y a tensar la nuca.

El cerrojo de cuello ofrece varios efectos beneficiosos. Comprime parcialmente las arterias carótidas en la garganta, con lo que impide que la presión abdominal aumentada provoque un excesivo aflujo de sangre al cerebro, cosa que podría originar mareos, molestias y una presión indeseable en los sensibles capilares cerebrales. El cerrojo de cuello desvía el exceso de sangre que acude al cerebro y la dirige hacia las extremidades y otras partes del cuerpo, aunque manteniendo siem­pre una abundante circulación cerebral. Asimismo, el cerrojo de cue­llo produce una extensión adicional de toda la columna vertebral du­rante la retención del aliento, con lo que estimula todos los centros nerviosos y de energía situados a lo largo de la misma, y favorece el ascenso de la energía por el Canal Gobernador desde el sacro hasta el cerebro. Al cerrar la glotis y tensar la garganta se «bloquea» literal­mente el aliento en el interior de los pulmones, lo que hace mucho más fácil su control. Sin la aplicación del cerrojo de cuello, el aliento retenido ejerce una presión exhaladora en todo el conducto hasta las aberturas nasales y las trompas de Eustaquio, lo cual resulta desagra­dable e indeseable. Al comprimir las arterias carótidas, el cerrojo de cuello ayuda a regular el corazón, pues lo hace latir más lenta y pro­fundamente. También ejerce una leve presión sobre el nervio del seno carotideo, cosa que ayuda a dirigir la atención hacia el interior durante el control de la respiración.

El mejor ejercicio para realizar el cerrojo de cuello es una clásica postura de yoga denominada el «Arado», figura 9. Para realizarla nos colocamos tendidos en un lugar plano y elevamos las dos piernas juntas en 90° respecto al tronco –fig 1- seguidamente y en forma lenta llevamos los pies detrás de la cabeza -fig 2- y para finalizar estabilizamos la posición colocando los brazos detrás de nuestra cabeza –fig 3- permaneciendo allí un tiempo determinado según puedas. Este ejercicio, además, estira y flexibiliza toda la columna verte­bral, desde la cabeza hasta el cóccix, abriendo centros de energía y es­timulando nervios esenciales. Adopte el Arado como parte integrante de su programa cotidiano.

Regularidad rítmica

Las transiciones entre retención y exhalación, y entre exhalación e inhalación, deben ser siempre lentas, suaves y deliberadas, no bruscas, repentinas e incontroladas. La duración real de cada fase no es tan importante como la duración relativa y la suavidad de la transición. Al principio, los pulmones, diafragma, abdomen y aparato circulatorio ofrecerán resistencia a los rigores de la respiración diafragmática pro­funda, por falta de costumbre, pero con paciencia y perseverancia pronto se adaptarán a ella y funcionarán mejor que nunca. Al empe­zar, lo más importante es concentrarse en la regularidad rítmica de las cuatro fases del control respiratorio, antes que tratar de prolongar cada una de las fases.

El universo entero y todas sus partes funcionan rítmicamente, y los organismos prosperan en la medida en que armonizan sus propios rit­mos internos con las grandes pautas de la naturaleza. El ciclo sueño/ vigilia se ajusta al ritmo del día y la noche, los ciclos menstruales si­guen los ritmos de la luna y los latidos del corazón siguen los ritmos de la respiración. La mente tiende naturalmente al ritmo y, por consi­guiente, la respiración rítmica favorece muchísimo la capacidad de la mente para concentrarse hacia el interior y absorberse por completo en el proceso respiratorio.

Ir contando mentalmente los segundos es una forma de medir la duración relativa de las diversas fases del control respiratorio, pero puede distraer la atención. Resulta más aconsejable contar los latidos del corazón, para lo que hace falta bloquear la información sensorial externa, interrumpir el «diálogo interior» y concentrar la atención en los latidos y el aliento. Una de las mejores maneras de cultivar esta conciencia interior consiste en concentrar la atención en la región del ombligo Y tratar de visualizarla como expandiéndose y contrayéndose a cada respiración. Como un maestro taoísta solía decir a sus discípu­los, «concentrad la atención en el abdomen inferior y acabaréis sa­biendo todo lo que se puede saber sobre vuestro cuerpo».

En cuanto la mente se aparta de la respiración, la respiración pierde inmediatamente su ritmo, así que, al practicar ejercicios respi­ratorios, hay que estar muy atento a lo que se está haciendo. Tras una larga práctica, llegará a familiarizarse tanto con los diversos ritmos in­volucrados en la respiración que podrá juzgar la duración relativa de cada fase sin necesidad de contar los segundos y ni siquiera de pensar en ello.

Existen varias pautas rítmicas básicas que pueden utilizarse en la respiración profunda. Una consiste en hacer durar la exhalación el doble que la inhalación, con una breve retención y una breve pausa entre cada fase. Esta pauta de exhalación prolongada proporciona un vigoroso estímulo a la circulación de la sangre y de la energía, expulsa las toxinas de pulmones y torrente sanguíneo y estimula el nervio neu­mogástrico. Otra pauta respiratoria que suele utilizarse con frecuencia es la de dar la misma duración a las cuatro fases. Esta pauta favorece la asimilación de Qi, regulariza los latidos del corazón, disminuye la presión de la sangre y mejora el intercambio gaseoso en los pulmo­nes.

Al comenzar cualquier programa de respiración profunda, los prin­cipiantes deben estar preparados para la aparición de diversos signos. Suele haber cierta tendencia a transpirar y a notar flashes de calor en varios puntos del cuerpo, sobre todo tras la retención. Esto se debe al calor liberado por la respiración celular y a la aceleración de la ener­gía vital en la red de meridianos. Es probable que eructe y suelte ven­tosidades durante los primeros minutos de la sesión respiratoria. Esto se debe al profundo masaje que reciben los órganos abdominales con el descenso del diafragma y las diferencias de presión entre tórax y ab­domen, e indica que la práctica es correcta; además, es una buena forma de expulsar gases nocivos por ambos extremos del tracto diges­tivo. A veces sentirá hormigueos o corrientes que se desplazan a lo largo de la columna, o por brazos y piernas, o por encima de la coro­nilla: es el Qi que circula por los meridianos, impulsado por la fuerza de la respiración. Entre los posibles signos que más suelen molestar a los principiantes figuran esporádicas sensaciones de mareo, el entume­cimiento de las extremidades y temblores musculares, pero tampoco aquí hay motivo de preocupación: son consecuencias directas de la apertura de canales de energía hasta entonces descuidados y de la cir­culación de Qi a través de ellos. Cuando se activan partes del cuerpo crónicamente privadas de sangre y energía, suele sentirse un hormi­gueo, lo mismo que cuando un pie «se ha dormido» y lo apoya usted en el suelo. Con la práctica, todos los canales acabarán abriéndose y la energía circulará de forma suave y regular por todo el organismo, en cuyo momento ya no volverán a notarse estas sensaciones.

 

La Respiración del Guerrero y la Respiración del Letrado

 

En el Qigong hay dos formas básicas de respirar: la Respiración del Guerrero (wu hsi) y la Respiración del Letrado (wen hsi).


 

Respiración del Guerrero

 

La Respira­ción del Guerrero es forzada, potente, audible e inducida por podero­sas y deliberadas contracciones del diafragma y la pared abdominal. La Respiración del Letrado es natural, suave, silenciosa y relativa­mente libre de esfuerzos.

La Respiración del Guerrero resulta mejor para los ejercicios de respiración terapéutica que pretenden fortalecer el cuerpo, absorber y acumular Qi, estimular la circulación de la sangre y favorecer la vita­lidad y la salud física en general. La atención mental debe centrarse exclusivamente en el proceso respiratorio.

Respiración del Letrado

 

La Respiración del Letrado se utiliza sobre todo para la medita­ción y para practicar la respiración rítmica durante las actividades or­dinarias, tales como leer, caminar, trabajar y demás. La Respiración del Letrado no exige una atención tan exclusiva como la del Gue­rrero, ya que es más natural, pero la mente debe permanecer alerta en un segundo plano para verificar que las cuatro fases de la respira­ción se ejecuten rítmicamente. La fuerza impulsora en la Respiración del Letrado sigue siendo el diafragma, pero aquí no se expande ni se contrae en tan gran medida como en la Respiración del Guerrero.

La Respiración del Guerrero y la del Letrado son en realidad dos métodos distintos para practicar cualquier ejercicio respiratorio, más que ejercicios respiratorios en sí mismas. La diferencia fundamental es que la Respiración del Guerrero resulta básicamente estimulante para el organismo y prepara para el «combate», es decir, para la acción. La Respiración del Letrado, en cambio, es sedante para el organismo y resulta apropiada para la contemplación, la concentración, la medita­ción y demás. La principal diferencia técnica está en la fuerza que hay tras el aliento.

Estas dos clases de respiración pueden combinarse en una misma sesión de ejercicios. Por ejemplo, antes de comenzar una sesión de meditación es buena idea estimular los centros de energía y poner la circulación en movimiento con unos cuantos minutos de la forzada Respiración del Guerrero, para luego pasar suavemente a la más pa­siva Respiración del Letrado. Puede utilizar la Respiración del Le­trado para relajar y enfriar el organismo tras realizar una serie pro­longada de ejercicios con la Respiración del Guerrero. Utilice la Respiración del Letrado a lo largo del día, en el curso de sus activida­des normales, pero estimule de vez en cuando la energía y la circulación con unos minutos de Respiración del Guerrero. Con el tiempo, llegará a familiarizarse con las sutilezas de ambas clases de respiración v sabrá intuitivamente cuándo hay que aplicar cada una.


 LA RESPIRACIÓN NOS CONCENTRA Y ELEVA Y CUANDO DISTINGUIMOS EN NUESTRAS CAMPANAS INTERIORES SUS SONIDOS, QUIZÁ PODAMOS EJECUTAR LA ARMONÍA DE NUESTRO SER QUE DIALOGA CON DIOS. 

(juan Carlos Orozco 2014)


Juan Carlos Orozco Bertino 
Còrdoba -- Argentina. 
Tel: 0351-4768802 
Cel: 0351-158-070975
www.masajesadomicilio.fullblog.com.ar

taller de VIDA y SALUD:
www.weiwuweicordoba.fullblog.com.ar

 
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Juan Carlos Orozco

Masoterapeuta holistico. Manejo de tecnicas de extracción de la MTC (medicina tradicional china)Ej. Tui Na; AMMA; Digitopuntura y Reflexologia Podal.
Estudioso e investigador de la Bioenergética y sus asociaciones.

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ORACIÓN FRANCISCANA POR LA PAZ

¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.
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